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miércoles, 29 de abril de 2015

Carta abierta al Sr. Rajoy

Sr. Rajoy.

Soy un ciudadano español harto de usted, de su partido y de todo lo que representan.

Soy un español que creyó que a partir del 79 este país había comenzado un cambio que poco a poco nos llevaría a una democracia plena.

Soy un español que vivió muchos años el franquismo, en el que, por su ausencia, aprendí el sentido de la palabra «Libertad». A ésta luego le siguieron muchas otras, todas relacionadas con los derechos humanos.

Pero ésa ilusión ha ido desapareciendo a medida que la acción política de los principales partidos de este país -PSOE y PP- ha derivado hacia una partitocracia de turnos que ha borrado las diferencias entre ambos, en la que los intereses de ambos se han puesto por delante de los de la ciudadanía, bien por su afán de mantener el poder para alimentar el ego y los sucios intereses personales de los respectivos dirigentes, así como los intereses clientelares de muchos de sus cargos públicos y de sus "amigos".

Este reproche lo comparten por igual PSOE y PP, y también algún otro partido del ámbito nacionalista, me refiero a CDC y UDC -CiU- y PNV, así como los sindicatos CC.OO. y UGT.

Tampoco excluyo de él a la máxima representación del Estado, la Monarquía Española, que ha dilapidado todo el crédito que llegó a poseer incluso entre algunos de los que nos definimos como republicanos.

Todos ustedes, de la mano de los plutócratas de este país, nos han traído al estado actual, contando con la colaboración de una ciudadanía  no educada para vigilar el comportamiento de sus políticos en defensa de la democracia; para reclamar transparencia en sus actuaciones. Solo educada para depositar su voto periódicamente. El perfecto 'ciudadano elector'. En ocasiones subsidiado desde el poder para obtener su voto. Hay muchas formas de hacerlo. Ninguna legítima ni ética, pero todas eficaces. ¿Cómo si no se pueden explicar algunos resultados electorales?

Ustedes han ayudado a extender ése cáncer llamado corrupción a una gran parte de la sociedad, en lugar de optar por una didáctica que mostrara que la corrupción es un mal  social. Actuaban por su propio interés, pues así esperaban que la gente mostrarse comprensión en el caso de que sus propias actividades corruptas salieran a la luz. Buscaban un colchón de impunidad a costa de la "ignorancia del pueblo".

Y durante un tiempo les ha funcionado, pero ya no. Ha llegado la hora de que todos ustedes respondan ante la ley y el pueblo. La ley la administra la justicia, que es lenta, pero los ciudadanos, el pueblo, ya ha dictado sentencia; que coincidirá o no con la de los jueces, pero políticamente ya les ha juzgado.

Los ciudadanos dictarán su sentencia cuando depositen sus votos en las urnas. No queda mucho; sin embargo, las experiencias de tiempos recientes no ayudan a templar la justa indignación e impaciencia.

Si le dirijo esta carta a usted en lugar de al conjunto de todos ustedes, es porque considero que su partido, el PP, y usted en particular, como presidente del gobierno, del partido e incluso como persona, encarna lo peor de todo lo que he afirmado anteriormente.

Por mucho que haga constante alusión a "la herencia recibida" -pero no desconocida, no nos mienta- ha sido usted y su partido los que han tenido responsabilidades de gobierno desde finales de 2011.

Usted podía haber optado por otra forma de gobernar, pero eligió la más fácil para usted y sus amigos y la más difícil, dura y más dañina ha para su pueblo.

A usted no le gusta la política, ya lo sabemos, y como gestor es un ejemplo a no seguir, también lo sabemos, y que es indolente, por lo que no toma decisiones; pero también sabemos ahora es que es cobarde, no arriesga en la búsqueda de alternativas si alguien se lo da hecho, y ha usted se lo han dado hecho. La Sra. Merkel, la Comisión Europea, el BCE, el FMI y la OCDE le han dicho qué tenía que hacer para gobernar España y usted, desde su cobardía política, su indolencia y sus ideas neoliberales ha obedecido. Éso sí, sin pensar en los ciudadanos de este país.

Las dificultades que haya podido tener en su gobierno no han surgido de búsqueda de lo mejor para el pueblo español, sino de la adecuación de la gestión de su gobierno a los planes que le daban las fuentes que he mencionado.

Claro, que contaba con un instrumento esencial para llevar a cabo los cambios solicitados por sus socios. Tenía casi todo el poder territorial y mayorías absolutas en el Congreso y el Senado. Éste poder, utilizado de forma radical, como siempre ha hecho el PP, le otorgaba una gran ventaja práctica. Y para rematar, utiliza ése poder para hacerse con el control de todas, absolutamente todas las Instituciones del Estado, terminando así con uno de los pilares de la democracia, la separación de poderes. España es casi toda suya.

Desde ésa base, acabar con la educación pública, la sanidad pública, el empleo público, las dotaciones para la dependencia, el plan de I+D+i, la justicia gratuita y universal, y un largo etcétera en el que también incluyo una ley laboral que no solo no ha rebajado significativamente las cifras del desempleo, sino que lo ha llevado a un nivel tan precario que tener trabajo no significa salir de la pobreza ni poder afrontar con esperanza un futuro. Llevar a cabo todo eso es un plan fácil de realizar cuando se cuenta con tanto poder político como usted y su partido han llegado a acumular. Pero con ello ambos, que son uno, han demostrado lo poco que les importan los ciudadanos españoles.

Con usted al mando del gobierno su partido, el PP, se han asaltado las instituciones del estado, todas están a sus ordenes, las han convertido en instrumentos de su política, las han prostituido, han dejado de ser independientes del poder ejecutivo. Usted las controla todas. Hoy las instituciones del estado carecen de legitimidad y credibilidad.

Y no me diga que está legitimado porque fueron casi 12 millones de esos españoles los que les eligieron para gobernar por cuatro años. Su elección es legal, pero la legitimidad se gana o pierde con la acción diaria de gobierno, y ustedes la perdieron  de inmediato cuando tras ganar unas elecciones con un programa electoral a la medida de lo que sus votantes pedían, estando muy bien informados de que no podrían llevarlo a cabo, lo cambiaron por el que les impusieron desde Europa. No me traicionaron a mí, que nunca les he votado, traicionaron a los suyos, los que depositaron su confianza en el PP.

Con su gobierno y su partido, España se ha empobrecido y endeudado por varias generaciones. Con ustedes aumentó el paro, y siguieron destruyendose empresas. Hoy la tasa de cobertura por desempleo se sitúa cerca del 50%. Hoy, más de 1,8 millones de familias tienen a todos sus miembros sin trabajo.

Según la EPA del primer trimestre de 2015, se han destruido 114.100 empleos respecto al cuarto trimestre de 2014, y la tasa de población activa sigue descendiendo. Su respuesta a esta encuesta ha sido triunfalista. En una insólita aparición pública desde su despacho, dijo, sacando pecho, que los datos de la EPA eran muy buenos y confirmaban la recuperación económica, ya que el paro del primer trimestre de este año se había reducido en 13.100 personas respecto al cuarto trimestre del año anterior. En efecto, éso recogía la encuesta, que también añadía que el número de personas en paro se sitúa en 5.444.600, siendo la tasa de paro del 23,78%, siete décimas más que en el trimestre anterior.

¿Dónde encuentra usted los motivos para sentirse triunfalista? ¿En las perspectivas de subida del PIB para 2015? Y las personas, ¿qué pasa con ellas? ¿cuando van a repercutir en ellas esas perspectivas de crecimiento del PIB? ¿qué hacen mientras tanto?

Para usted, Sr. Rajoy, los españoles, los ciudadanos, son solo cifras, una variable más en su hoja de cálculo.

¿Qué? ¡Ah, ya! Que usted no siente empatía por las personas. Si, ya lo sabemos, pero como presidente del gobierno su obligación es cuidar por su bienestar, aunque no sienta empatía por nosotros. No le pedimos que nos quiera, sino que gestione el país en búsqueda de nuestro bienestar, si no sabe hacerlo debería irse ya.

Esos gestos triunfales no convencen ya ni a sus votantes, y si lo hace con algunos ¡allá ellos!, pero no nos joda a los demás.

Sus palabras y gestos de triunfo no consiguen cambiar la opinión de la mayoría de la ciudadanía, harta ya de sus mentiras, cobardía y desprecio por los ciudadanos de este país. Reforzada además por los constantes casos de corrupción de exvicepresidente, exministro, embajadores, diputados y cargos públicos del PP.

¿De verdad cree que los españoles no somos conscientes de que los pocos avances logrados en la economía no son fruto de su gestión, sino de cambios introducidos por factores externos como las actuaciones del BCE, el rescate bancario, la bajada del euro respecto al dólar estadounidense y la bajada del precio petróleo?

¿De verdad cree que tan solo la economía es el factor que tenemos en cuenta los ciudadanos a la hora de decidir nuestro voto?

Pues si es así, está muy equivocado Sr. Rajoy, los españoles también somos conscientes de la pérdida de libertades -ahí esta la ley mordaza-, de la injerencia ideológica en la educación, tanto en la reforma educativa como en la política en contra de la escuela pública y a favor de la concertada y privada, en su mayoría ramas de la Iglesia Católica; también en cuestiones que afectan al ámbito privado de los ciudadanos y ciudadanas de este país. En la forma de legislar, adecuando las leyes a la conveniencia de sus intereses espurios, bastardos, de su gobierno, partido y amigos.

Usted sabe perfectamente que muchas de sus leyes están siendo estudiadas por organismos internacionales como ONU, CE, Tribunal de Estrasburgo, etc, porque es probable que estén en contradicción con el Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Asimismo conoce la valoración que de su política económica, social y de libertades, han hecho diversos medios de comunicación internacionales de prestigio mundial, valoraciones todas muy críticas e incluso negativas. De todo esto estamos informados muchos españoles, pero usted no lo valora, no son razones para haber cambiado su forma de gobernar en esta legislatura.

Comprendo su posición, usted es solo un pequeño actor de un bloque de poder a nivel mundial, que está trabajando para cambiar el modelo económico-social existente hasta la llegada del neliberalismo de Thatcher y Regan y la caída del bloque soviético, por uno que se rige por un principio: la escasez de trabajo rebaja los costes salariales, el trasvase de recursos y doblega a los individuos. Es decir un mundo en el que una ínfima minoría de la humanidad posee casi el cien por cien de la riqueza y control de los recursos. El resto lucha por un trabajo con salario mísero, ésa lucha los divide y su control es fácil.

La excusa: el modelo anterior es insostenible. El estado del bienestar es una utopía. El mercado manda. Hay que volver a los principios del capitalismo.

¿Están convencidos de que no se repetirá la Historia? Un sistema similar se vino abajo hace poco más de dos siglos cuando el resto de individuos cobró conciencia de su poder. Deberían recordar que en aquella ocasión histórica rodaron muchas cabezas. No lo digo por la suya, todavía es pronto. No se dan las condiciones objetivas.

Sr. Rajoy, sigue confundiendo  ciudadanos con vasallos. A un pueblo en lucha que quiere echarle a usted y los suyos del poder, con un aborregado grupo de dirigentes del PP.

La ciudadanía de este país le niega la 'auctoritas' para seguir gobernando su destino.

Sr. Rajoy, los españoles estamos hartos de su 'desgobierno', de sus promesas incumplidas, de sus juegos malabares con las cifras, de sus constantes rectificaciones, de la falta de política en su gestión, de la carga de una ideología trasnochada en sus decisiones, de su desprecio por la opinión pública, de su falta de valor para presentarse cara a cara con los periodistas, de su incomparecencia ante la ciudadanía de este país -en un formato libre de cortapisas- para darle cuenta de su gestión, de su permanente cobardía frente a otros países para defender los intereses nacionales y algunas de las conquistas sociales y jurídicas que habíamos logrado como país soberano.

Por cierto, Sr. Rajoy, ya sé que hace mucho que se le ha olvidado, como a muchos otros miembros de la casta política, pero yo se lo recuerdo. Usted tiene, como le corresponde, el estatus y privilegios de Primer Ministro, pero no es otra cosa que un servidor público. Somos los españoles en conjunto los soberanos de este país, somos los sujetos a los que usted debería servir, pero usted, Sr. Rajoy no piensa en ello, solo piensa en mantenerse en el poder.

Pues bien, Sr. Rajoy, ya sabemos cómo nos sirve y por eso le decimos que no nos sirve. Coja el finiquito y no vuelva. Tampoco cometa la torpeza de pedirnos una carta de presentación, no le conviene.

Prepare sus cosas y deje libre el puesto a finales de noviembre.

Atentamente.

Un ciudadano español.


Majadahonda, 29 de abril de 2015.

domingo, 12 de abril de 2015

Rajoy, el PP y el Consejo Nacional del Movimiento

Rajoy ante las elecciones: Estupefacto


Prietas las filas,
recias, marciales,
nuestra escuadras van 
cara al mañana 
que nos promete
Patria, Justicia y Pan.


Así comenzaba el himno del Frente Nacional de Juventudes. Toda una alabanza a la unidad y obediencia al líder, el que señala los objetivos y traza la estrategia. El único conocedor de qué es lo mejor para la patria.

Dicen las malas lenguas que con ésta canción terminó ayer, la reunión de la Junta Directiva Nacional del PP.

Curiosa reunión; desde el principio estuvo preñada de echos que sorprenden.

A mí, la reunión me ha recordado, en su liturgia, a las del Consejo Nacional del Movimiento, cuando acudía Franco.
Franco hablaba, después aplausos

La convocatoria tuvo lugar el pasado 1 de abril, miércoles santo, para el 7 de abril, martes de pascua. Su objetivo: «El presidente convoca el martes a la Junta Directiva Nacional para revisar sus políticas de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales».

Pero en realidad:
¿Por qué su convocatoria, su necesidad?:
Por el fracaso de la reunión del Comité Ejecutivo Nacional celebrada el pasado 23 de marzo, tras las elecciones andaluzas, al que no asistieron la mayoría de los barones territoriales del PP, y en el que el propio Rajoy, al final de su discurso y ante la ausencia de intervenciones, llegó a decir "¡Que hable alguien!".

¿Por qué su urgencia?:
Por la proximidad de las elecciones autonómicas y municipales convocadas para el 24 de mayo, y en buena parte por lo anterior, el fracaso rotundo de la reunión del Comité Ejecutivo Nacional del 23 de marzo, día siguiente a las elecciones andaluzas.

También, por el creciente  descontento que existente en diversos sectores del PP, en particular entre los barones y candidatos a las elecciones del próximo 24 mayo, por el rumbo adoptado por Rajoy al apostar todos los argumentos electorales a la mejora económica, -según él la percibe, pero no la ciudadanía-. Con esta decisión, Rajoy, una vez más, descarta la política del debate electoral.

Debemos tener en cuenta que los resultados que logre cada partido el 24 de mayo, van a tener una gran trascendencia de cara a las elecciones generales, que se celebrarán, probablemente, a finales de noviembre. Alguno de los que se perfilan candidatos para esas elecciones, podría no serlo, incluso alguno de los partidos en liza podría desaparecer. De modo que las elecciones autonómicas y municipales de mayo son una especie de primera vuelta de cara a las generales.

Por otro lado, en clave interna, algunos han especulado, interesadamente, sobre las decisiones que podrían surgir de ésa reunión; descartado un cambio de rumbo en el argumentario electoral, las especulaciones se centraban en un posible relevo de Cospedal al frente de la Secretaría General del partido. Es sabido que dirigentes populares reclaman una persona liberada al frente del partido, y no como Cospedal, que está compatibilizando sus funciones en el partido con la Presidencia de la Comunidad de Castilla-La Mancha.

Quienes hablaban de ésa posibilidad o desconocen el talante de Rajoy o pretendían crear las condiciones para que dicho relevo tuviera lugar. Son conocidos los enfrentamientos existentes entre Cospedal, de una parte y Arenas y Sáenz de Santamaría, por otra.

De echo, al encuentro se ha llegado después de una Semana Santa en la que se han cruzado declaraciones y  comentarios entre fuentes del partido descontentas con el rumbo de la  formación y afines a la secretaria general, María Dolores de Cospedal, que han defendido su labor públicamente. El telón de fondo,  el batacazo electoral en Andalucía y el supuesto enfrentamiento entre  sectores del partido por el rumbo de la formación.

A la reunión acudieron la mayoría de los convocados. Tras la preceptivas intervenciones de la Secretaria General, María Dolores de Cospedal,  y del ViceSecretario General de Organización, Carlos Floriano, tomó la palabra el Presidente del Partido, Mariano Rajoy, que agradeció el esfuerzo de todos y en concreto a Cospedal, con éstas palabras:
«Quiero agradecer a la secretaria general su trabajo, que ha tenido que lidiar con momentos muy difíciles...».
Con lo que dejó zanjas las especulaciones sobre su relevo.

En su esperado discurso ante los casi 600 miembros presentes de la Junta Directiva Nacional, prometió éste “corregir errores” políticos para tratar de tranquilizar a los barones territoriales y candidatos de su partido, que durante la última semana han exigido, en público y en privado, un cambio de rumbo en la dirección que evite otro desastre comparable al de Andalucía, en las elecciones de mayo.

Sin embargo, cuando Rajoy concretó, su discurso seguía siendo el mismo, siguió apoyándose en la recuperación económica y en recalcar el esfuerzo que todos deberían hacer para que el mensaje llegue al ciudadano, «que ya lo está comenzando a percibir» (¿?).

Por lo demás, lo único que me parece resaltable de su discurso, fue su alusión a no olvidar la pertenencia al PP, en referencia a los que tratan de mostrar una postura distante de la de Génova:
«quiero deciros que los que estamos aquí somos miembros del PP y vamos a ir en las listas del Partido Popular... Llevo aquí toda mi vida activa, y este partido nos ha dado mucho, a mí muchísimo. Y este partido y esta sigla de PP es la que nos va a hacer ganar de nuevo las elecciones».

Y, por otra parte, la reafirmación de la unidad dentro del PP:
«Este no es el partido de una persona, con su personalidad, forma de ser, sus creencias, su particular manera de entender la política. No voy a hacer un llamamiento a la unidad porque este es un partido unido. Lo único que vengo a pediros es un nuevo esfuerzo por España. Yo lo voy a hacer, y sé que vosotros también. No nos jugamos una victoria más o menos, sino salir definitivamente de la crisis, la estabilidad y seguridad de la nación».

La identificación del PP con el futuro de España fue constante a lo largo de su intervención.

La única autocrítica que realizó está contenida en las siguientes palabras:
«Nos dirán con razón que les hemos defraudado en cosas, nos recriminarán con razón por los casos de corrupción y les diremos que estamos tan abochornados como ellos por los casos que hemos conocido, no estábamos a salvo de esas conductas reprobables, pero podremos decir que no hay impunidad y hemos hecho reformas para atajar esos comportamientos...».

El resto fueron arengas y autocomplaciencia.

Tras el discurso de Rajoy, ninguno de los miembros del máximo órgano de decisión entre Congresos, tomó la palabra para formular una pregunta o  expresar su opinión. Todos se limitaron a aplaudir. A continuación abandonaron la sala ordenadamente.

Igual ocurría en las reuniones del Consejo Nacional del Movimiento presididas por Franco.

El académico José María Pemán, afecto al régimen, decía del Consejo Nacional del Movimiento, con su gracejo gaditano lo siguiente:
 «Es un órgano colegiado que se reúne de vez en cuando para escuchar lo que dice el aconsejado».
¿Acaso no es esto lo que ha hecho la Junta Directiva Nacional del PP, en la reunión del martes?

Esta tensión tiene convulso al PP; la falta de autocrítica pública y privada, el silencio en las reuniones de sus órganos de dirección, es consecuencia de un concepto que arrastra el partido desde su origen. Su estructura es presidencialista y el presidente del partido utiliza su poder de manera absolutista porque así está previsto en los estatutos. En realidad es el "líder" el "caudillo" de toda la organización. Lo decide todo con mano dura en pos de la unidad del partido. Suya es la última palabra. Él pone y quita a los cargos del partido, y a los candidatos a cargos públicos. Nadie le contradice, y el que lo intenta pone en peligro su futuro político. En definitiva, se prima "la obediencia ciega al líder"

Hoy ése cargo lo ostenta Mariano Rajoy y le viene muy grande. A diferencia de Manuel Fraga o José María Aznar, no tiene su carácter fuerte y resolutivo. Lo suyo es dejar que los problemas se resuelvan solos o que se pudran. Sus tiempos no se corresponden con los tiempos de la  dinámica de la política actual. Por eso va siempre arrastras de los acontecimientos, tanto en política interior como exterior. Actúa al mandato de las ideas e iniciativas de otros, aunque siempre se arrogue el éxito y calle ante el fracaso. Políticamente hablando es cobarde.
De echo, no le gusta la política ni sabe moverse en ella.

Salvo Antonio Hernández Mancha,  en tiempos de AP, no ha habido otro presidente del partido conservador español que haya sido más cuestionado, ni tampoco que haya acumulado tanto poder. Un patrimonio que está muy cerca de perder.

Pasados unos días, se demuestra la inutilidad de la reunión. Nada ha cambiado, los enfrentamientos y desplantes entre las diferentes corrientes del PP continúan. Los barones territoriales comienzan sus respectivas precampañas electorales evitando las referencias al partido, y sus símbolos están ausentes en los anuncios de la precampaña. Ninguno, al menos de momento, sigue las instrucciones que Rajoy planteó en la reunión del martes. Tienen mucho miedo a perder su feudo. Son conscientes de que ésa posibilidad tiene una alta probabilidad de convertirse en realidad.

Miguel Ángel Aguilar, había escrito ése mismo día, 7 de abril, en su columna en El País, bajo el título "Hasta la derrota final" el siguiente párrafo:
«Que en el último comité ejecutivo, tras la derrota electoral de Andalucía, todos guardaran silencio es revelador de un ambiente donde preguntar ofende, opinar descalifica y solo el asentimiento lanar es garantía de progreso».

Y terminaba diciendo, a modo de pronóstico :
«Todo indica que estamos en vísperas de una nueva migración de la derecha, que jugó al progresismo con la UCD, quiso volver por sus privilegios con AP, intentó el vale todo con el PP y ahora, insostenibles las gaviotas, podría anidar bajo otro logo».



Majadahonda, 11 de abril de 2015.

martes, 10 de marzo de 2015

Yo quiero un país...

Este artículo surge en mi mente y en mi corazón, al confirmar una noticia: Carlos E. Cué, pronto se irá a Buenos Aires como corresponsal de El País.

Uno de los mejores periodistas reporteros de España, especializado en temas de actualidad relacionados con el PP, tiene que abandonar su actual puesto por una decisión de la dirección de El País impuesta por el gobierno del PP, que no quiere que Carlos Elordi Cué siga haciendo preguntas incómodas a sus portavoces.

La libertad de prensa es uno de los pilares de la democracia.

Así la entiende el PP, así se vende al poder político vigente un periódico de tirada nacional y que ha tenido prestigio internacional, una publicación que hasta no hace mucho era un referente de ciudadanos de centro, progresistas e independientes.

No es un ejemplo único; hay más. De hecho hoy día todos los medios de comunicación soportan las presiones del gobierno del PP. Todos por un mismo motivo, su mala situación económica y el miedo a perder la publicidad institucional.

Pero es un ejemplo paradigmático de cómo la crisis económica de un medio de comunicación, lo pone al pie de los caballos de un gobierno que no sabe gobernar en democracia, por eso el PP necesita las mayorías absolutas.

Cuando el PP argumenta que es necesaria una estabilidad política para transmitir confianza a los agentes económicos y financieros para salir de la crisis, lo que quiere decir es "o yo o esto se va a la mierda, porque yo no voy a colaborar con nadie".

Y "yo" significa "gobiernos de mayoría absoluta", en términos de ciencia política: Gobierno de Partido Único Dominante. Porque el PP no puede -porque no sabe- gobernar en minoría, es incapaz de llegar a acuerdos, quiere todo el poder para él. Solo puede gobernar desde el poder absoluto, y eso no es democracia.

Es más de lo mismo. Históricamente la derecha española se ha considerado la única opción política legitimada para ejercer el poder, mediante la imposición de la máxima de "ley y orden".

El PP, y lo que representa, no es consciente de los cambios que el paso del tiempo ha traído a la sociedad. De hecho no reconoce, porque no tiene capacidad o interés en hacerlo, que la sociedad española ha cambiado profundamente, que el tiempo del posfranquismo, surgido de la transición, ha terminado, que los anhelos y exigencias legítimas de la sociedad española de hoy no son las de 1978.

Una de mis mayores preocupaciones, es que con un PP como el actual, enrocado en sus posiciones fundamentalistas, no será posible abordar a corto o medio plazo, los cambios que son necesarios en nuestro país, en su sistema político e institucional.

¿Es esto lo que queremos para el futuro inmediato?

Yo no, desde luego.

Yo quiero un país basado en el humanismo secular, entendido como integración de los valores humanos bajo una ética que rechaza los dogmas de todo tipo; que busca, mediante la discusión racional, la experiencia, y la responsabilidad individual, mejorar el bienestar humano. Un humanismo que en su aspecto social busca la libertad, igualdad, solidaridad y pericia en la gestión de la comunidad.

Yo quiero un país que adopte como forma de estado la república y la democracia como forma de gobierno; y que haga propios los principios recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Por eso:
»Yo quiero una reforma de la Constitución Española de 1978, que fue pactada en unos tiempos y circunstancias que nada tienen que ver con las actuales, por lo que no se ajusta a la sociedad de hoy ni a sus necesidades, circunstancias y aspiraciones.
»Yo quiero un país cuya forma de estado sea la república.
»Yo quiero un país de democracia real y plena.
»Yo quiero un país que respete los derechos humanos.
»Yo quiero un país que viva en paz y armonía con el resto de países del mundo.
»Yo quiero un país que colabore activamente en la ayuda al desarrollo de aquellos pueblos del mundo que lo necesiten.
»Yo quiero un país en el que los ciudadanos sepan defender su dignidad mediante el ejercicio de sus derechos y obligaciones; y, asimismo manteniéndose vigilantes del cumplimiento de las obligaciones de  las instituciones.
»Yo quiero un país en el que la división de poderes sea una realidad contrastable.
»Yo quiero un país de libertades y en el que la justicia sea independiente, universal y gratuita para aquellos que carecen de recursos económicos.
»Yo quiero un país en el que la libertad de expresión, individual, colectiva y de los medios de comunicación, no dependa más que de la aplicación del Código Penal, y no de la voluntad de un gobierno.
»Yo quiero una sociedad en la que la igualdad entre hombres y mujeres sea real en todos sus aspectos.
»Yo quiero un país en el que la mujer sea única dueña de sus decisiones  en lo que respecta a la contracepción, con especial referencia al aborto.
»Yo quiero un país en el que la laicidad esté consagrada por la Constitución, y garantizada por los tribunales.
»Yo quiero un país en el que los servicios esenciales de sanidad y educación sean universales, gratuitos  y públicos.
»Yo quiero un país que ame y cuide de sus niños, evitando el riesgo de la pobreza infantil.
»Yo quiero un país que no abandone a sus ancianos, referencia necesaria del pasado inmediato.
»Yo quiero un país que no abandone a los discapacitados ni a sus cuidadores.
»Yo quiero un país en el que la memoria histórica no sea el relato de unos, sino de todos.
»Yo quiero un país con un gobierno del pueblo y para el pueblo, con valentía y capacidad para hacer frente al poder financiero global, porque ése gobierno contará con el apoyo del pueblo.
»Yo quiero un país en el que la dación en pago liquide la deuda hipotecaria, en el que no se produzcan desahucios de familias con hijos menores a su cargo, ni de ancianos en la pobreza; en el que exista, por ley, una moratoria invernal para todo tipo de desahucios y se elimine la pobreza energética.
»Yo quiero un país en el exista una ley de "segunda oportunidad", sin requisitos que imposibiliten a los individuos o familias afectadas a recurrir a ella.
»Yo quiero un país en el que la igualdad de oportunidades sea real.
»Yo quiero un país en el que la fiscalidad sea más progresiva y los ricos y las empresas no tengan facilidad para defraudar; en el que ricos y empresas cumplan con el papel social que les es legítimamente exigible.
»Yo quiero un país en el que la lucha contra el fraude fiscal no se limite a perseguir al pequeño defraudador, sino a las grandes empresas y grandes fortunas, y que excluya la amnistía fiscal como un instrumento de recaudación.
»Yo quiero un país sin corrupción, para lo que es preciso una intervención previa de los gastos públicos, un control estricto de la contratación pública, un Tribunal de Cuentas ágil y, sobretodo, la implementación de una cultura cívica, desde la escuela, que rechace ésas prácticas que tanto daño hacen a la sociedad.
»Yo quiero un país en el que el conocimiento y el mérito contrastados sean las razones para ocupar puestos de responsabilidad pública.
»Yo quiero un país en el que sea exigible, por delante de toda consideración, la honorabilidad de los representantes del pueblo, cargos públicos y otros servidores públicos.
»Yo quiero un país en el que la transparencia de las instituciones y sus miembros sea total, y fácilmente accesible.
»Yo quiero un país en el que se alcance un pacto de estado sobre la educación.
»Yo quiero un país en el que se fomente el conocimiento humanístico
»Yo quiero un país que base su desarrollo en el conocimiento científico, tecnológico y en la innovación.
»Yo quiero un país en el que se cuide y fomente la cultura.
»Yo quiero un país en el que se respete el medioambiente y se apueste por las energías renovables.
»Yo quiero un país...

Yo quiero que España salga del pasado y se integre en el presente, que sea un país homologable con los de su entorno en todos los aspectos, con una mirada al futuro en la que quepa la esperanza y la dignidad de su pueblo.

Por eso, en este año electoral, cuando analizo las decisiones del gobierno, de su partido, así como las de las demás fuerzas políticas, me repito a mi mismo, y repito a mis amigos de twitter, esta pregunta que ahora os propongo:

¡Examina, piensa y elige, tú o ellos!


Majadahonda, 10 de marzo de 2015

jueves, 6 de noviembre de 2014

La política española en la encrucijada

En este artículo pretendo aporta mi particular análisis de la situación política actual y de cómo puede evolucionar en el futuro inmediato. No pretendo abrir ningún debate, solo exponer mi opinión.

Cada generación tiene sus valores, pero hay un conjunto de valores morales y éticos, comunes a todas las culturas, que tienen un carácter canónico. El resto evolucionan de forma natural con el tiempo.

El modelo de estado que surgió de la transición de la dictadura franquista a una democracia formal está agotado. Esto es algo evidente. No funciona en el momento actual porque surgió en unas condiciones de excepcionalidad que hoy, afortunadamente, no existen.

No solo el paso del tiempo es causa de su falta de adecuación, también lo es el desgaste sufrido por la perversión introducida en su funcionamiento y en las instituciones básicas del estado por los partidos políticos tradicionales, esencialmente PSOE y PP, y también los sindicatos mayoritarios UGT y CC.OO., patronales e instituciones financieras así como la persistencia de la Iglesia Católica de mantener su presencia en la vida civil pública. Y más, el desistimiento de la ciudadanía a ejercer su papel de vigilancia de la 'cosa pública', limitándose a ejercer como "ciudano-votador" por comodidad, inercia, falta de educación ciudadana... También como fruto del clientelismo que abonan los partidos políticos y por la ausencia de mecanismos que facilitaran ésa función de vigilancia .
Recurriendo al dicho popular: «Entre todos la mataron y ella sola se murió».

Con el curso de los años la derecha -a nivel nacional- llegó agruparse primero en AP y luego en PP, pero no cambió; sigue manteniendo básicamente los principios fundamentales de la derecha española tradicional, convencida que posee el derecho natural a gobernar este país. Pienso que tal vez de existir un partido de extrema-derecha, con todo lo que supone, hubiera supuesto una oportunidad para que en España hubiera un partido conservador homologable con los del resto de Europa.

Por su parte, los partidos de izquierda han ido desnaturalizando su discurso cada vez más, llegando al riesgo de su desaparición. Este un hecho que afecta a toda la izquierda europea y cuya raíz, en opinión mía, descansa en la creencia de que los nuevos tiempos llevaban a la desaparición de la lucha de clases como factor dialéctico de tensión social, gracias a la existencia de una próspera y amplia clase media. La globalización mundial, basada -perversamente- en los mercados industriales y financieros de las grandes corporaciones, junto con la actual crisis económica, se han encargado de quitarles la razón. El aumento de la desigualdad social en el mundo demuestra que la diferencia entre clases persiste y que la igualdad de oportunidades es una quimera en muchos países; entre ellos el nuestro.

El resultado en España es un país en el que la corrupción domina la escena pública, las instituciones carecen de credibilidad, la desconfianza en los partidos políticos tradicionales es absoluta, y por tanto en su capacidad de resolver los problemas. A ésto se suma la desigualdad social, el paro en general y el juvenil en particular, la pérdida de servicios públicos, la desconfianza en la independencia judicial, el índice de pobreza infantil, la falta de perspectiva de futuro  etc., etc., etc.

En resumen, el fracaso de un sistema.

¿Cuáles son las perspectivas de futuro inmediato?
Esperar que los que han generado el problema sean capaces de solucionarlo es ingenuo. Luego solo queda:
1) La posibilidad de que la solución venga desde fuera del sistema.
2) Que se produzca un cambio, una catarsis en el seno de las fuerzas políticas que desemboque en una refundación total de las mismas, sin la participación de sus actuales dirigentes y sin envolver todo ello en el "gatopardismo" del «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie».
3) O ambas cosas a la vez.
Para mí ésta no sería la solución óptima pero sí la mejor. Aunque no la veo probable en el corto plazo.

Tras las elecciones europeas de mayo el mapa político español ha cambiado por la brillante aparición de Podemos, que ha trastocado los planes de todos los partidos tradicionales, incluidos los nacionalistas.
Su discurso, su capacidad de comunicación y la imagen de su líder, ha penetrado con fuerza y rapidez en los ciudadanos que están profundamente descontentos con el devenir de los partidos y su respuesta a la crisis del sistema, a su incapacidad para impedir el desastre político, económico y social de este país. Ésos ciudadanos que confían en Podemos abarcan todas las edades y simpatías políticas, haciendo de Podemos una opción transversal potencialmente capaz de arrancar votos al resto los partidos políticos y convertirse en una de las primeras, sino la primera, opción de voto para los españoles.

No es posible aventurar, y mucho menos pronosticar lo que sucederá tras las elecciones generales, Podemos ha decidido no presentarse a los comicios municipales aunque parece que si lo hará a las autonómicas. Haré un intento basándome en datos recientes: las encuestas de Metroscopia y CIS, ambas prácticamente coinciden en sus resultados.

Ayer el CIS publicó los resultados de una encuesta sobre intención de voto. En estimación directa de voto los resultados son: Podemos en primer lugar con 17,6% seguido por PSOE con 14,3% y PP con 11,7%. En estimación de voto sobre votos válidos los resultados son: PP con 27,5% PSOE con 23,9% y Podemos con 22,5%. Las únicas conclusiones que podemos hacer son:
1.- El bipartidismo pierde mucha fuerza pero no desaparece totalmente.
2.- Podemos se convierte en la tercera formación política con opciones de gobierno.
3.- Estos tres partidos dominan la escena política, pero es pronto para vaticinar cuál será el orden en el que se colocarán tras las elecciones generales. Los resultados de las autonómicas aclararán las perspectivas.
4.- Cualquiera que sea el resultado de las generales lo más probable es que ninguno pueda gobernar sin recurrir a coaliciones de gobierno con otras formaciones.

El escenario más probable tras las elecciones generales de 2015 es el de un Congreso más fragmentado, con Podemos como representante de una opción radical -no antisistema- que de momento se nutre esencialmente de votantes de IU, PSOE, UPyD y en menor medida del PP (5,3%), descontentos del sistema tradicional de partidos. El PSOE detiene su caída pero no remonta con fuerza. El PP parece mantener una fidelidad de voto suficiente para que su descalabro no sea mayor. IU es la fuerza que más pierde (41%) en su expectativa de voto. UPyD también pierde votos pero en menor proporción,

Los probables resultados electorales obligarán a la formación de coaliciones postelectorales de gobierno, no a pactos puntuales, y aquí se abre una incógnita que solo los resultados definitivos de las elecciones permitirán afrontar.

De mantenerse básicamente este dibujo electoral, será muy difícil lograr un consenso suficientemente amplio para abordar una reforma a fondo de la Constitución y mucho más emprender un proceso constituyente. Sin embargo, es tal el clamor de cambio político e institucional, que el nuevo Congreso tendrá que enfrentarse a modificaciones profundas en algunos aspectos concretos, en los que se podrían alcanzar acuerdos mayoritarios. Me refiero a ley de transparencia, a , una reforma fiscal auténtica que contemple medidas antifraude y una fiscalidad más progresiva, blindar la sanidad y educación públicas así como la ley de dependencia, derogación de leyes aprobadas en la actual legislatura. Denuncia de los acuerdos con la Santa Sede y mayor presencia de la aconfesionalidad que reconoce la vigente Constitución.
En el aspecto económico la derogación de la reforma introducida en el artículo 135 de la CE, reestructuración de la deuda pública, una nueva ley laboral, reforma de la ley hipotecaria, establecimiento de la prohibición de ejecución de desahucios y cortes energéticos en período invernal, reducción drástica del riesgo de pobreza infantil, control de las empresas de producción y comercialización de electricidad, gas y derivados del petróleo, formación de un mix energético con presencia mayoritaria de la producción de energía renovable.
Formulación de un modelo productivo que no genere burbujas económicas e independiente de la estacional, cuyo objetivo sea la reindustrialización del país con base en empresas con capacidad de aportar, mediante la I+D+i, mayor valor añadido, posibilidades de exportación y no contaminantes.
Un modelo de explotación agropecuario basado en la industrialización alimentaria cercana al productor. Protección, no subvenciones, de los precios en origen y persecución de las malas prácticas de intermediarios. Recordemos que nuestro modelo se basa en una economía social de mercado, según recoge la Constitución, y no en una economía de libre mercado.
En fin, estas son algunas de las iniciativas que, en mi opinión, debería abordar la próxima legislatura.

Si se producen los pactos de gobierno que creo indispensables para la gobernación del país, a la vista de los probables resultados electorales, la responsabilidad va a recaer en el PSOE que soportará grandes presiones para formar coalición con el PP. Desde mi punto de vista no lo aceptarían sus votantes y supondría un suicidio político para ésa formación.
Por otro lado considero improbable una coalición con Podemos.

Si no se forman coaliciones, se abren dos escenarios: a) la posibilidad de una nueva convocatoria electoral. b) llegar a una legislatura perdida.
Prefiero no pensar en esa posibilidad.

En resumen, ya ha comenzado un largo periodo electoral que puede abarcar todo 2015, salvo que el Sr. Rajoy nos sorprenda con un adelanto electoral que reuna las municipales y autonómicas con las generales. Es una posibilidad no descartable pero que considero con baja probabilidad de cuajar por dos razones; la primera por la previsibilidad del Sr. Rajoy, que ha manifestado en muchas ocasiones su propósito de agotar la legislatura. La segunda porque lo fía todo a que el tiempo hará que la mejora económica -la que solo ve él y sus ministros- se haga más perceptible para los ciudadanos. Aunque ante el parón que afecta a Francia, Italia y Alemania ya ha obligado a revisar a la baja la perspectiva de crecimiento.

En cualquier caso, los ciudadanos no deberíamos dejarnos llevar por la "seguridad" de lo ya conocido a la hora de decidir nuestro voto, al contrario, debemos hacer un balance de cómo el gobierno actual nos ha tratado durante estos años, qué ha mejorado y qué ha empeorado no solo en nuestra situación personal sino en el conjunto de la sociedad española. Si estamos satisfechos de la labor desarrollada por los ministros nombrados por el Sr. Rajoy o no. Si hemos ganado o perdido en nuestras libertades...

No debemos dejarnos llevar por la iniquidad del miedo e incertidumbre sembrados en torno a Podemos precisamente por los que van a ser sus competidores en las urnas. No estaremos más seguros gobernados por los que son responsables de la situación actual. El miedo lleva "al silencio de los corderos cuando son llevados al sacrificio".

Si confiamos en que alcanzaremos  una democracia real y moderna para este país, ella y nuestra memoria serán las que nos protejan de volver al camino que nos ha traído a la situación actual.


Majadahonda, 6 de noviembre de 2014

lunes, 23 de junio de 2014

Mi opinión sobre el debate ¿Monarquía o República? (Segunda parte)

Alegoría de la II República 
Proclamación del Rey Felipe VI 






¿Monarquía o República? ¡Democracia real! 


Segunda parte

RECAPITULANDO
Hemos visto que no es suficiente declararse a favor de la Monarquía o de la República como forma de Estado, es necesario precisar por qué  modelo de Monarquía o República nos decantamos.
Hemos visto que hay formas de Estado que son Monarquías de jure y su funcionamiento -el gobierno del Estado- satisfacen los requisitos del republicanismo a ese respecto. Así como Repúblicas que no cumplen en absoluto con los fundamentos del republicanismo.
Otra cuestión, aplicable por igual a los modelos republicano o monárquico -y ésto para mi es esencial- es la calidad de su democracia, el cumplimiento real de los valores que, en los albores del siglo XXI, definen el concepto Democracia.
Si tomamos como referencia los Estados modernos, desarrollados cultural y económicamente, con un bagaje suficiente, en términos históricos, de experiencia en los modelos republicano o monárquico, en el primer caso yo me decanto por una República Parlamentaria tipo Alemania. Si nos referimos al segundo mi elección sería la Monarquía Parlamentaria tipo Dinamarca.
Entonces, dando por hecho que queremos una Democracia plena,  ¿qué guía nuestra elección entre uno de los modelos, republicano o monárquico, que he elegido antes? Para mí el modelo de Jefatura del Estado.
A partir de aquí me centro ya en España, y mis referencias a los aspectos constitucionales será, obviamente, la Constitución Española de 1978.
El Título Preliminar de la Constitución Española de 1978, en el art. 1.3, consagra la Monarquía Parlamentaria como «forma política del Estado español»
En este punto debo pensar ¿qué influencia tiene el Jefe del Estado en la gobernación de mi país?
Si nos remitimos al papel que le otorga la Constitución al monarca español respecto al gobierno de la Nación 'ninguno'. Pero, como mi ingenuidad no da para tanto,  supongo que puede ejercer  alguna influencia, o tratar de hacerlo. Otra cosa es que el gobernante de turno se deje influir o no. Esto forma parte del trato humano y se da en todos los sistemas. En las memorias y biografías de las personas que han tenido responsabilidades de este tipo podemos encontrar muchos ejemplos. Todo ello forma parte de la trastienda del poder. Lo que importa es su reflejo en el bienestar de los ciudadanos, en la calidad democrática del sistema.
Repito, ciñéndonos al punto de vista Jurídico, el monarca español no tiene competencia de gobierno, su papel en este aspecto se limita a sancionar las leyes.
¿Dónde está la diferencia con el modelo republicano? En el carácter hereditario del cargo de Jefe del Estado. Hay que admitir que la diferencia no es menor.
Para mí en la actualidad la forma natural de Estado es la República Parlamentaria. ¿Qué lleva un pueblo a elegir -en libertad- la forma Monárquica? La tradición.
He intercalado la frase "en libertad" porque no la doy por supuesta en el proceso de elección. Estoy hablando de España y no podemos ignorar el pasado, no podemos ignorar que tras una cruenta Guerra Civil vino una posguerra no menos cruenta, seguida de una larga Dictadura en la que la palabra "libertad" era un deseo, un sueño. Una Dictadura en la que el miedo estaba presente en el ánimo de muchísimas personas, y en todos el miedo a que tras la muerte del Dictador surgiera la sombra de una nueva guerra. No olvidemos los fusilamientos de 1975, mes y medio antes de su muerte. No olvidemos las manifestaciones anteriores a las primeras elecciones y las muertes y heridos que provocaron la Policía, la Guardia Civil y fuerzas de extrema-derecha. A pesar esos antecedentes, la mayoría de los españoles empezaron  a creer que el cambio era posible y la ilusión creció. Tras las primeras elecciones los partidos consensuaron una constitución que fue refrendada por los españoles en 1978. Aunque había miedo a los terroristas, de cualquier color, y a la posibilidad de un proceso involutivo promovido por un ejército cuyos mandos eran claramente franquistas, el pueblo aprobó la Constitución con el 88,54% de los votos emitidos. ¿Lo hizo mediatizado por el miedo? No lo creo, quizá en algunos por la inercia. Pero miedo no.
No quiero dejar de constatar que hubo más abstención que en las elecciones del 77 (12 puntos porcentuales menos), lo que denota que muchos españoles no estaban de acuerdo con el proyecto presentado; por su contenido o por sus carencias.
Como resultado de la aprobación un Rey heredado de Franco, pasaba a ser un Rey constitucional [aunque no de origen] tras su juramento de la nueva Constitución, y se consagraba el principio de "Sucesión directa por la Constitución".
¿Por qué los constituyentes eligieron el modelo monárquico y no el republicano? La respuesta es sencilla; porque el paso de la Dictadura a la Democracia no fue un proceso de ruptura, fue un proceso de transición, cuyo primer acto fue el referéndum sobre la Reforma Política llevado acabo por Adolfo Suárez. El resto es conocido. Todos los partidos apostaron por un consenso que empezaba por mantener al monarca en la Jefatura del Estado, pero desprovisto de todo poder de gobierno. Solo mantuvo el cargo, nominal, de Jefe de las Fuerzas Armadas.

ORÍGENES DEL DEBATE

«Son demasiadas las veces que España a dado un paso atrás» Profesor R. Carande.

No hay una causa única, sino un cúmulo de causas que con su sinergia han alcanzado un punto crítico, que finalmente ha explosionado siendo el detonante los resultados electorales de las europeas del pasado 25 de mayo, tanto en lo que respecta a los dos partidos mayoritarios, en forma especial los del PSOE
con la subsiguiente crisis que afecta a ese partido, y la emergencia de un nuevo  partido de izquierda -me refiero a Podemos- fruto del movimiento 15M.
Además hay que contar con que en España existe de forma latente un significativo porcentaje de ciudadanos, cercano al 40%, que expresan su anhelo de que un día, no lejano, el país se transforme en República.
Tras la reciente abdicación del Rey y próxima proclamación del Príncipe Felipe como su sucesor, y
ante los resultados de las Elecciones al Parlamento Europeo, algunos partidos, asociaciones y colectivos ciudadanos, han salido a la calle a exigir la convocatoria de un referéndum para que los españoles nos expresemos a favor de "Monarquía o República".
Este movimiento, así como la abdicación del monarca, tienen, en mi opinión, las siguientes causas:
1.- La abdicación del Rey no es un hecho causado por motivos de edad y salud, sino por el fortísimo
desgaste de la Institución Monárquica provocado por diversos errores personales de D. Juan Carlos, dudas sobre el patrimonio de la la familia real y, fundamentalmente, escándalos de corrupción financiera con la probable imputación de la Infanta Cristina, la pésima estrategia del Rey y su entorno en el trámite procesal.
2.- El profundo y gravísimo desgaste de Instituciones fundamentales del Estado como Tribunal Constitucional y Consejo General del Poder Judicial,
entre otras. La causa de aquel es fruto del uso torticero que han hecho de éstas Instituciones los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, en particular en cuanto al proceso de elección de sus miembros.
3.- La Constitución no cumple las exigencias del momento actual. De hecho hay muchos aspectos fundamentales que no se cumplen y preceptos que  no se han desarrollado al cabo de sus 36 años de vigencia. Esta situación genera el desapego y reivindicación de muchas personas, con mayor
incidencia en las generaciones que no votaron la Constitución. Si a esto añadimos el desafecto general por la actuación de los partidos políticos, en particular por los que han tenido y tienen responsabilidades de gobierno, la situación se traduce en una combinación de alejamiento político y aparición de nuevas organizaciones, unas populistas otras de izquierda otras surgidas de movimientos ciudadanos espontáneos y que aspiran a convertirse en partidos, que, legítimamente y con razón, exigen un cambio radical del modelo actual.
4.- El impacto de las consecuencias de la crisis económica sobre la ciudadanía y las medias tomadas por los gobiernos de Zapatero y, singularmente, Rajoy, para hacerla frente, con el cambio ”expres" incluido del artículo 135 de la Constitución.
La crisis económica de gran profundidad y larga duración, ha dejado sin trabajo a 6 millones de personas -26% de la población activa-, 2 millones de familias con todos sus miembros en paro y sin subvención económica alguna, con un índice de
riesgo del de pobreza infantil del 38%, con constantes recortes en servicios sociales esenciales -sanidad, educación, pensiones, acceso a la Justicia, a la vivienda, etc.- con un incremento en la desigualdad social que nos coloca en el segundo país de la UE, tras Letonia, en mayor desigualdad social, el segundo, tras Rumania, en pobreza infantil. Con una devaluación de salarios brutal y una precariedad en los contratos de trabajo sin parangón, situaciones que hacen que el tener trabajo no sea garantía de salir
de la pobreza, con un país desesperanzado, falto de impulso, que ha dejado de creer en sus políticos.
6.- La salida a la luz de innumerables casos de corrupción que implican a partidos políticos, sindicatos, cargos públicos, banqueros e incluso a la familia Real. Es surrealista ver que mientras una buena parte del país está empobrecida, el partido que gobierna, el PP, está inmerso en un proceso judicial de corrupción de gran calado, en el que a la vista de todos ha utilizado métodos de obstrucción a la justicia. No se trata de cargos públicos de ése
partido, que también y en gran número, estoy hablando de su cúpula directiva actual y dirigentes anteriores. ¿Cómo se puede esperar que en éstas condiciones el ciudadano no piense que está siendo engañado y que la culpa es del modelo de Estado que durante años le ha sido presentado como el mayor logro colectivo del pueblo español? ¿Cómo no va a pensar ese ciudadano que merece la pena tratar de cambiar el modelo?
7.- La percepción de la existencia de un trato desigual
al ciudadano por parte de sus gobernantes -a los que eligió basándose en promesas electorales luego no cumplidas-, respecto de entidades, como las financieras, en las que el Gobierno introduce dinero público que no se va a recuperar. Entidades financieras que en lugar de generar líneas de crédito que dinamicen la economía, faciliten la creación de nuevas empresas y promuevan el consumo, han preferido invertir en deuda pública con créditos muy baratos obtenidos del BCE. O incluso manteniendo
miles de millones de euros depositados en dicho banco a bajisimo interés.
8.- Otra causa son los cambios, puramente ideológicos, que el Gobierno del PP ha introducido, va ha introducir, o ha intentado introducir  en materias como Educación, Sanidad, Trabajo, Justicia, Libertades..., que suponen una perdida de derechos, un retroceso de 35 años sin más justificación que la puramente ideológica. En algunos casos los anteproyectos no han superado el filtro de
organismos consultivos como  el Consejo de Estado, CGPJ, Tribunal Supremo, así como asociaciones profesionales y otras entidades representantes de los colectivos afectados.
9.- La pérdida de la libertad de expresión en los medios de comunicación. La crisis ha provocado un gran daño ésos a lo que se ha dado en llamar "el cuarto poder del Estado", que en algunos casos ha supuesto su desaparición. Los que resisten dependen,en buena medida de la publicidad de
entidades públicas incluido el gobierno, otros se han salvado de la desaparición por la mediación del gobierno. En definitiva, todos dependen económicamente, en mayor o menor medida, del gobierno, lo que supone de facto su control y la pérdida de la independencia informativa y el papel de control y 'contrapoder' del gobierno.
10.- La percepción de los ciudadanos de la inexistencia de una oposición fuerte al PP que pueda contribuir a que, a pesar de su mayoría absoluta en ambas cámaras, ése partido modere su acción de
gobierno así como legislativa, e impositiva en lo que se refiere al control de instituciones como el TC, CGPJ y Tribunal de Cuentas a través del nombramiento de la mayoría de sus miembros. Otra vez el clientelismo.
Para muchos ciudadanos, entre los que me encuentro, la falta de esa oposición no solo es sentida como un perjuicio, sino que ante el actual panorama del espectro político augura una nueva victoria del PP en las próximas elecciones generales.

OPORTUNIDAD  POLÍTICA PARA  PROMOVER  UN CAMBIO  DEL  MODELO DE ESTADO.
La pregunta la formulo así ¿Es el momento adecuado para un debate sobre el modelo de Estado que queremos los españoles, que concluya con la convocatoria de un referéndum consultivo para elegir entre Monarquía Parlamentaria o República?
No menciono qué modelo de República porque los promotores del debate no lo han hecho. Parece ser que prefieren que se defina en el proceso
constituyente que se abriría tras un resultado favorable del referéndum a ésa alternativa. Lo que nos llevaría a otro debate en el que no voy a entrar.
Volviendo a la pregunta. En mi opinión no me parece el mejor momento para abordar el cambio en el modelo de Estado. A continuación doy las razones en las que fundamento ésa opinión.
El viejo dicho afirma «En momentos de tribulaciones no hacer mudanza». Es evidente que España está pasando por uno de esos momentos y lo que se
requiere es afrontarlo desde una estabilidad política.
Vivimos una situación económica gravísima que no parece que vaya a tener un final cercano, con una tasa de paro insoportable, con una deuda pública a punto de rebasar el 100% del PIB, ambos hechos, junto a una política fiscal inadecuada, derivan recursos que deberían ser aplicados a políticas de expansión. La deuda pública hipoteca el futuro de las nuevas generaciones. Tenemos un país desindustralizado que hay que reponer. Un pueblo agotado y
desesperanzado. La juventud mejor preparada de nuestra Historia se ve obligada a emigrar en busca de trabajo, como lo hicieron sus abuelos en los años 50 y 60.
En lo político asistimos a una situación de quiebra del sistema bipartito protagonizado por PSOE y PP y la emergencia de una forma pluripartidista. En principio esto es bueno, porque amplía  la representación de las tendencias políticas existentes hoy en la ciudadanía, pero también el anquilosamiento de los
grandes partidos y su fracaso en  agruparlas. Esto es particularmente grave en lo que se refiere al PSOE, que pierde su posición hegemónica en la izquierda española. Históricamente la fragmentación de la representación política conduce a la inestabilidad de la gobernación, pues obliga a coaliciones difíciles de mantener a lo largo de una legislatura y que terminan por no contentar a nadie.
También de orden político es la reivindicación soberanística planteada por diversos partidos
catalanes. Esta situación tiene una fecha clave, el próximo 9 de noviembre, día en el que la Generalitat tiene convocado al pueblo catalán para una consulta en la que decidirá si Catalunya sigue formando parte de España o se independiza de ella para formar un nuevo Estado. El reto que se plantea es de primera magnitud, y no colabora a su resolución las posturas no dialogantes del Sr. Rajoy y el Sr. Mas.
Añadir a estas tensiones una más y pretender su resolución de forma inmediata equivale, en mi
opinión, a jugar a la ruleta rusa con cinco balas en el tambor.
Mi ideología es socialdemócrata y elijo la República Parlamentaria como modelo de Estado. Pero juzgo que el debate Monarquía o República no debe ser planteado en estos momentos. Y añado, no veo en que forma ese cambio podría ayudar a resolver los conflictos que tiene planteados la Nación. ¿Cómo puede influir en su resolución el modelo de Jefatura del Estado cuando quien la ejerce carece de poder de
Gobierno según marca la Constitución? ¿No es más lógico reclamar a quien tiene ésa capacidad constitucional su responsabilidad en la actual situación? ¿No es más lógico exigir a los partidos políticos, que son a los la Constitución encarga el gobierno de la Nación, que en ejercicio de su responsabilidad ante los ciudadanos, busquen la forma de afrontar los graves problemas que tenemos que ante nosotros?
La acción adecuada es profundizar en la democracia.
Elevar la calidad democrática de este país abordando los cambios constitucionales que son necesarios, imprescindibles y urgentes. También derogando y/o modificando leyes que no han mejorado sino, muy al contrario, empeorado el bienestar de los españoles.
La política se enfrenta cada día a la realidad, no a los deseos. Aunque sin ellos no puede avanzar.

PROPUESTAS
Es preciso y urgente llevar a cabo una serie de cambios para hacer de éste un país verdaderamente
democrático, en el que los ciudadanos nos sintamos poseedores del poder soberano que consagra la Constitución. Que acaben con la partitocracia a la que nos han llevado los partidos mayoritarios, para los que los ciudadanos solo somos útiles a la hora de depositar nuestro voto y pagar los impuestos. Debemos ser conscientes de nuestro papel y ejercerlo. Los partidos políticos son los conductores del proceso, ese es el encargo constitucional, pero los protagonistas somos los ciudadanos. Los que les
damos la oportunidad de probar que sus propuestas nos convencen y les creemos adecuados para realizarlas, somos nosotros, los ciudadanos. Ellos son servidores públicos. De nosotros debe depender el  control de sus actividades y la capacidad de la revocación de sus cargos. Pero para esto es preciso introducir cambios
No he estudiado Derecho, no tengo ninguna experiencia política, solo soy un ciudadano ocupado por informarme de lo que ocurre en mi país y por qué
ocurre, añadamos que tengo algo de sentido común. Con ésos mimbres voy a cometer el error de proponer las que considero reformas necesarias y urgentes que es preciso acometer para ganar en calidad democrática.

Cambios constitucionales
1.- Transparencia y control de la Corona.
2.- La redefinición del modelo territorial.
3.- La redefinición del papel del Senado.
4.- Incorporar la Transparencia de todas las
Instituciones del Estado y de sus miembros al "núcleo duro" de la Constitución.
5.- La definición de España como Estado laico.
6.- La incorporación del principio de Justicia Universal en su sentido más amplio.
7.- La incorporación del principio de revocación de todos los cargos.
8.- Consagrar el derecho fundamental objetivo a una Educación pública de carácter laico con la supresión del art. 27.3 de la actual Constitución.
9.- La reforma de las instituciones de Justicia. TC, CGPJ y la forma de nombramiento de sus miembros para garantizar su real independencia, evitando su subordinación al juego de mayorías en otros poderes del Estado.
10.- La reforma del TCE para que sea una institución ágil y realmente útil.
12.- La derogación de la reforma del artículo 135 que tuvo lugar en el año 2011, por considerar que vulnera la soberanía del Estado al afectar directa y
gravemente a la realización efectiva del Estado Social de Derecho que la Constitución proclama, por lo menos teóricamente, en su artículo inicial.
13.- La incorporación del principio de Justicia gratuita e igualitaria al grupo de derechos fundamentales objetivos.
14.- La incorporación del principio de Sanidad Universal e igualitaria al grupo de derechos fundamentales  objetivos.
15.- Incorporación al grupo de derechos
fundamentales objetivos de la obligación del Estado a la atención de las personas dependendientes.
16.- Reforma del art. 141.2 en el que se contempla a las Diputaciones Provinciales como órgano de representativo autónomo encargado del gobierno y administración de la provincia
No menciono otros porque ya está previsto hacerlos, como la extensión de la igualdad de género a la sucesión de la Corona, incorporación de los nombres de las CC.AA., incorporación de principios emanados de nuestra pertenencia a la UE y otros.
Estos cambios y muchos más suponen una gran dificultad en al menos dos aspectos.
1.- Requieren un amplio consenso entre las fuerzas políticas difícil de conseguir en las actuales circunstancias.
2.- Por pertenecer al llamado "núcleo duro" de la Constitución el procedimiento de cambio es lo que se conoce como "procedimiento agravado" que en la práctica equivale a un proceso constituyente en sus consecuencias, aunque toque solo a algunos artículos
de la Constitución. De hecho bastaría que fuera uno solo de ellos. Resumiendo, las Cortes que aprobaran los cambios tendrían que convocar un referéndum en el que los españoles refrendaran los cambios, logrado esto procederían a su disolución y convocatoria de elecciones generales para elegir a los miembros de las nuevas Cortes conforme a los cambios introducidos.
Como se puede comprender no es fácil, pero es necesario y urgente. De las fuerzas políticas depende
el cuando, de nosotros los ciudadanos forzar a que lo hagan.
Pero no basta con esas reformas, hay muchas que son leyes que deberían cambiar por obsoletas y/o inadecuadas: Ley hipotecaria, ley de desahucios, ley de aforamiento, ley de indulto, ley de enjuiciamiento civil, ley de enjuiciamiento criminal, etcétera. Finalmente, pero no menos importante es la amenaza que supone para las mujeres españolas el anteproyecto de Ley de Protección de la Vida del
Concebido y los Derechos de la embarazada, o Ley de Regulación del aborto, al que probablemente dará luz verde el Consejo de Ministros esta semana, y que supone un paso atrás con respecto a la Ley de 1985. El anteproyecto deja al criterio de otros lo que debería ser una decisión exclusiva de la mujer; se trata de otra de las reformas ideológicas del PP. De convertirse en Ley ésta es una de las primeras que deberían ser derogadas por un gobierno progresista.

El pasado mes de abril el actual Fiscal General del Estado, D. Eduardo Torres-Dulce, en el Parlamento, respecto a la falta de una adecuada ley anticorrupción, lamentó la falta de medios legales, materiales y personales y la ausencia de mecanismo de acceso a bases de datos públicos para poder combatir la corrupción. "Legislación insuficiente, enrevesada y con penas no acordes con la gravedad que se demanda por la ciudadanía", “actuación exasperantemente lenta”, “absoluciones difíciles de
entender y sin recuperación de dinero”, “prescripciones incomprensibles”, “indultos a corruptos” y “agujeros negros en la ejecución de sentencias”, son algunas de las disfunciones demoledoras que Torres-Dulce denunció ante la Comisión Constitucional y que llevan a la sensación generalizada de que “la Justicia favorece al poder”.
Es preciso cambiar el sistema de selección y designación de los miembros de altos organismos reguladores y de control para garantizar la efectiva división de poderes y la independencia de sus
miembros en su actuación. Hablamos del Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial, Tribunal de Cuentas, Defensor del Pueblo, Gobernador del Banco de España, Comisión Nacional del Mercado de Valores, Entes de Radio y Televisión Públicas y otras altas instancias del Estado para el mejor control del ejecutivo, del poder judicial, de los poderes públicos, de los partidos, de los poderes económicos y de unas administraciones que han de tener un funcionamiento totalmente transparente y
ajustado a la ley. Las propuestas y sistemas de elección de  sus miembros se deben basar en criterios objetivos de trayectoria, capacidad, prestigio y garantía de independencia.
Por otra parte, es necesario alcanzar un pacto de Estado sobre la educación. No debemos seguir aceptando que cuando cambia la ideología de un gobierno respecto al anterior se promulgue una nueva Ley de Educación, no por criterios pedagógicos sino por criterios ideológicos. Así la
educación de nuestros hijos deja de ser una tarea formativa para ser adoctrinamiento. Esto se pone en relieve particularmente con los gobiernos del PP.
Es absolutamente necesario cambiar la actual Ley Electoral, abandonando el sistema de listas cerradas y bloqueadas, dando la opción al ciudadano de elegir los candidatos que crea más adecuados. Esto obligará a una mejor democracia interna de los partidos y propiciará su libertad de voto en el ejercicio de sus funciones.
En fin, el número de reformas indispensables y
urgentes que es preciso acometer es interminable y escapa de mi capacidad de conocimiento. Pero sé una cosa, este es un país en el que se legisla a golpe de acontecimiento, y la realidad es que sobran leyes, algunas no se aplican, mientras que en otras no se procede a su adecuación al momento actual. Parece, y así debe ser, que es más fácil escribir una nueva ley que revisar el acerbo de leyes que siguen en vigor. Ésta actitud, que han seguido todos los gobiernos, es absolutamente inaceptable, impropia de un país que se dice "desarrollado" y "moderno".
Como escribí en otra ocasión, la realidad es que ninguno de los Gobiernos que han existido desde 1979 ha acometido una reforma a fondo del sistema de justicia, ni ha provisto los fondos para su modernización funcional. Tenemos una AEAT aceptablemente dotada de medios técnicos para su eficaz función. Sin embargo la Justicia, uno de los Poderes del Estado, pilar del Estado de Derecho, no dispone de ellos, mi primer es ¿por qué, siendo siendo tan alta su importancia, no se ha procurado la
modernización de sus medios materiales? Parece que hayamos olvidado que si la Justicia no funciona, no existe tal Estado de Derecho. Los ciudadanos tenemos la obligación de requerir que ésa actualización se produzca.

LA ACTITUD DE LA CIUDANIA
Los españoles por carácter, por inercia por falta de cultura política, por lo que sea, tendemos a participar poco en la "res publica" expresión del latín, que
significa literalmente "cosa pública", lo que se conoce modernamente como esfera pública. Somos poco proclives a asociarnos. Salvo a los equipos de fútbol. Cuando participamos en algún movimiento lo hacemos por una causa particular y finalmente esa asociación se disuelve. Así pasa con las manifestaciones. Pero ¿cuantos movimientos o manifestaciones se han producido solicitando cambios políticos? Yo creo que su porcentaje es pequeño respecto al total y mínimo ante el número
de razones que hay para hacerlo.
A parte de las razones que he expuesto al comienzo para explicar la falta de un compromiso general de los españoles en la esfera pública, hay una causa que quiero destacar: la ausencia de conciencia cívica, la falta de apreciación de pertenencia a un colectivo, el pueblo español. A los españoles se nos ha visto como un pueblo de «personas con gran orgullo, individualistas y poco prácticos». Los tópicos siempre encierran algo de razón. En parte ésas actitudes han
cambiado con el paso del tiempo, pero perduran en el colectivo. El movimiento del 15M fue una esperanza de ése cambio, pero su devenir nos ha mostrado la otra cara. Ahora el movimiento Podemos parece apuntar en la buena dirección, pero sigue siendo una incógnita.
Pero lo que a mi juicio es más grave es que los gobiernos que han circulado en esta etapa democrática ¡No han hecho nada para educar al pueblo en los valores democráticos! Salvo el tímido intento del gobierno del Sr. Zapatero con la
introducción de la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, una asignatura diseñada para el último ciclo de la Educación Primaria y toda la Educación Secundaria. Consistía en la enseñanza de los valores democráticos y constitucionales. La asignatura cumplía con una recomendación del Consejo de Europa en el año 2002, donde se afirmaba «que la educación para la ciudadanía democrática era esencial para la misión principal del Consejo, como era promover una
sociedad libre, tolerante y justa, además de contribuir a la defensa de los valores y los principios de libertad, pluralismo, derechos humanos y Estado de Derecho, que constituyen los fundamentos de la democracia».
Este intento fue inmediatamente criticado por el PP y las clases más conservadoras y afines a la Iglesia Católica y la Conferencia Episcopal Española argumentando que era una materia que «impone una moral de Estado, una visión ideologizada de la ética». Fue derogada por el Gobierno del PP poco después
de tomar posesión, encargando al Ministro de Educación, Sr. Wert, hacerlo en su primera intervención en el Congreso, como así fue.
Tengamos en cuenta que la Ley fue aprobada en 2006, 28 años después de la aprobación de la Constitución y a requisito del Consejo de Europa. No se hizo nada hasta entonces.
Un pueblo que había transitado por el franquismo castrador de mentes, de la imaginación, tergiversador de la Historia, secuestrador de la
información, que aplicaba el principio romano de «panem et circenses» como método para mantener un pueblo adormecido en su mayoría, no recibió ningún impulso educativo en su nuevo papel de poseedor de la Soberanía Nacional, hasta 2006.
Por todo lo anterior pienso que de poco servirán los cambios si los ciudadanos no cobramos conciencia de nuestro papel y lo ejercemos, tanto en los derechos como en las obligaciones.
Debemos dejar atrás la inercia mental y el desencanto
en que nos han sumido PP y PSOE, así como salir de la postración y desesperanza a la que nos ha llevado la cruel y larga crisis económica, pero también del valores, que estamos atravesando. Si no lo hacemos todo seguirá igual y los que nos han traído a este punto seguirán gobernando con la impunidad que lo han hecho hasta ahora.

CONCLUSIONES
1.- Constitucionalmente la actual forma de Estado de
España es  una Monarquía Parlamentaria como consecuencia del consenso entre las fuerzas políticas que representaban al pueblo español. Los constituyentes eligieron ese consenso como forma adecuada para transitar de la Dictadura a la Democracia.
2.- La diferencia técnica entre Monarquía Parlamentaria y República Parlamentaria está, básicamente, en la figura de la Jefatura del Estado. La primera supone una sucesión por herencia reglada
por la Constitución, mientras la segunda plantea un proceso de elección, pudiendo ser ésta directa o indirecta, pero con participación ciudadana. También supone un periodo acotado de ejercicio del cargo y las posibilidades de  reelección.
3.- El problema político de la España actual es el agotamiento de un modelo que no responde a las necesidades del país. El período abierto con la Transición ha cumplido con su objetivo y es preciso y urgente afrontar uno nuevo que permita encarar el
presente y el futuro de la Nación. Que profundice en los principios de la Democracia, que transmita ilusión y fortaleza al pueblo. Para ello se deben llevar acabo cambios profundos en todas las Instituciones del Estado, en los partidos políticos y en todos los sistemas que vertebran la sociedad. La independencia de los poderes del Estado debe ser total y diáfana. Su transparencia debe ser exigida por las leyes, percibida por los ciudadanos y auditada por un organismo independiente.
4.- No soy partidario de que el debate Monarquía o República se abra en estos momentos por razones de oportunidad política, razones que he analizado anteriormente.
5.- Soy rotundamente partidario de abordar los cambios urgentes que necesita la Constitución de 1978. Es preciso adecuarla al tiempo actual, muy distinto al del momento de su elaboración. Anteriormente he formulado los cambios que considero imprescindibles.

Termino con una reflexión extraída del Informe España 2013, elaborado por José María Martín Patino y Xavier Martínez Celorrio para el Foro Encuentros:
«En conclusión, conviene impulsar un revulsivo real y creíble que no puede ser diseñado únicamente desde arriba y de espaldas a los ciudadanos. La vida democrática no es sino pacto o –como algunos han señalado– un equilibrio armónico de frustraciones mutuas».


REFERENCIAS
1) En el apartado Sistemas de Estado, las entradas: República, Republicanismo, Monarquía, Monarquías
Europeas, Monarquismo. Las he tomado de Wikipedia.
2) DATOS (tomados de Wikipedia)
Participación en referendos y elecciones que se mencionan en el texto:
1.- Referéndum sobre la Ley para la Reforma Política (1976).
1.1. Habitantes con derecho a voto: N/A
1.2 Votantes: 17.599.562
1.3 Participación: 77,8%
1.4 Si: 94,17%
2.- Elecciones Generales de junio de 1977.
2.1 Habitantes con derecho a voto: 23.583.762
2.2 Votantes (elección de Diputados): 18.590.130
2.3 Participación: 78,93%
3.- Referéndum para  la ratificación de la Constitución Española (1978)
3.1 Habitantes con derecho a voto: 26.632.180
3.2 Votantes: 17.873.271
3.3 Participación: 67,11%
3.4 Si: 88,54%
3) Constitución Española de 1978
4) Desarrollo de preceptos constitucionales y sentencias del TC:
http://www.congreso.es/
5) Propuestas de reformas:
Plataforma Constitucional. http://plataformaconstitucional.blogspot.com.es/
Fundación Encuentro. Informe España. http://www.informe-espana.es/
Foro Ético.
http://elforoetico.blogspot.com.es y actualmente http://asocforoetico.wordpress.com/
El observatorio de la laicidad. El laicismo hoy
http://laicismo.org/observatorio/el_laicismo
6) Webs de blogs y artículos de opinión:
"La Abogacía española asegura que los recortes en sanidad 'colisionan' con la Constitución"
http://yosisanidaduniversal.net/noticias.php/la-abogacia-espanola-asegura-que
"La erosión de la Monarquía"
http://elpais.com/elpais/2014/01/29/opinion/1390995769_223759.html
"¿Monarquía o República?:  Democracia"
http://elpais.com/elpais/2014/06/07/opinion/1402165954_952853.html
"Luces largas para un reinado"
http://registrousuarios.lavanguardia.com/premium/54410060802/index.html
"¿Adbica la Corona o abdica la democracia?"
http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/06
/08/abdica_corona_abdica_democracia_17988_1023.html
"El republicanismo ha despertado y está tomando cuerpo en el PSOE "
http://www.publico.es/politica/479198/el-republicanismo-ha-despertado-y-esta-tomando-cuerpo-en-el-psoe
"La necesaria República"
http://m.monografias.com/trabajos61/necesaria-republica/necesaria-republica.shtml
”Desnuda está la tierra..."
http://alfredo-barrera-cuevas.blogspot.com.es/2013/04/monarquia-parlamentaria-y-republica.html?m=1
"La reforma Constitucional"
http://www.20minutos.es/noticia/2169263/0/reforma-constitucion/baza-felipe-vi-reto/regenerar-monarquia/
"Una tradición inventada"
http://elpais.com/elpais/2014/06/18/opinion/1403109760_054248.html



A Roxana, nuestras conversaciones me motivaron a escribir este documento. Un beso.


Majadahonda, 23 de junio de 2014, en la víspera de la noche de San Juan. 

Mi opinión sobre el debate ¿Monarquía o República? (Primera Parte)

Marianne 
Corona Real Española 






¿Monarquía República? ¡Democracia real! 


CONSIDERACIONES PREVIAS
Este blog surge a raíz de la reciente abdicación del Rey Juan Carlos I, la subsiguiente proclamación del Príncipe Felipe como sucesor, de acuerdo con las previsiones constitucionales y de la oleada de manifestaciones en favor de la convocatoria de un referéndum  que permita a los españoles elegir entre Monarquía Parlamentaria o República como forma de Estado.
El documento se divide en dos blogs. Mi intención es, en primer lugar,  poner a disposición del lector una información breve y sencilla sobre las características fundamentales de los dos modelos de Estado, sin posicionamiento entre ambas.
Como no soy especialista en la materia no he recurrido a textos de Derecho Constitucional o de Ciencia Política, sino a las fuentes que cualquier persona con interés puede encontrar fácilmente en Internet y en los medios escritos, que han dedicado tanto espacio a la que sin duda, será una de las primeras noticias del año, si no la primera. En el apartado de referencias, además  de las correspondientes a los resúmenes que presento, también aporto algunos -pocos- artículos, blogs con opiniones a favor y/o en contra de las dos opciones y algunos datos adicionales.
Es obvio que el único responsable de la elección de las fuentes soy yo. A algunos les podrá parecer que las mismas pueden no ser fiables y que es poco serio su utilización. Pero no pretendo más que poner al alcance del común de la gente lo que ella podría encontrar de forma rápida y sencilla con los medios que tiene a su alcance. Lo que yo ofrezco es un resumen de lo que encontrarían. Obviamente soy el único responsable de la configuración de ese resumen, de sus errores y de sus omisiones.
En el segundo blog termino con unas conclusiones en las que fijo mi postura personal en este debate, de lo que creo que ha sido su origen y de la oportunidad política del mismo en estos momentos. También hago mención de los que considero cambios necesarios e inmediatos para mejorar la calidad democrática de nuestro país, independientemente de su forma de Estado.
Finalmente, pido disculpas por los errores o carencias formales de presentación que el lector pueda encontrar en este blog. Solo puedo tratar de justificarme por el hecho de que está escrito en un smartphone debido a que por razones físicas lo hago desde mi lecho, sin poder utilizar un ordenador.

Primera Parte
LOS SISTEMAS DE ESTADO REPUBLICANO Y MONÁRQUICO.
Modelos de Repúblicas
1.- Presidencialismo pleno.
2.- Presidencialismo con gobierno vinculado al Parlamento.
3.- Semipresidencialismo.
4.- Parlamentarismo.
5.- Unipartidismo.
Tipos de Monarquías
1.- Monarquías constitucionales o parlamentarias en las cuales el rey no posee ningún poder efectivo
2.- Monarquías constitucionales o parlamentarias en las cuales el rey ejerce personalmente el poder ejecutivo en conjunto con un Parlamento débil
3.- Monarquías absolutas

La República alimenta y educa a sus hijos 
REPÚBLICA
«Tradicionalmente, se ha definido la república como
la forma de gobierno de los países en los que el pueblo tiene la soberanía y facultad para el ejercicio del poder, aunque sea delegado por el pueblo soberano en gobernantes que elige de un modo u otro. En la práctica suele pensarse que la forma de estado de un país es la monarquía si tiene rey, y república si no lo tiene. Lo cierto es que una república está fundamentada en el “imperio de la ley” y no en el “imperio de los hombres”. Una república es, de este modo, un sistema institucional independiente de los
vaivenes políticos y en la cual tanto los gobernantes como los gobernados se someten por igual a un conjunto de principios fundamentales normalmente establecidos en una constitución. Y la constitución, de ser apegada al Derecho, sirve para protegerlo y definir incluso qué leyes son buenas y cuáles malas en el marco de referencia constitucional».
«El desconocimiento de estos principios clásicos en el mundo moderno lentamente ha conducido a muchos a expresarse en términos de “repúblicas
democráticas” o “repúblicas islámicas”, sin considerar la contradicción que tales frases contienen».
«Son elementos comunes que participan del contenido de la definición tradicional que la cultura occidental ha elaborado del concepto “República” los siguientes:
1.- La periodicidad en los cargos
2.- La publicidad de los actos de gobierno: no es posible el secreto de Estado
3.- La responsabilidad de políticos y funcionarios
públicos
4.- La separación y control entre los poderes
5.- La soberanía de la ley
6.- El ejercicio de la ciudadanía, quien pone y depone
7.- La práctica del respeto, y no la intolerancia, con las ideas opuestas
8.- La igualdad ante la ley
9.- La idoneidad como condición de acceso a los cargos públicos
«La aplicación de la misma palabra a dos conceptos o
más diferentes pero relacionados lleva a inconsistencias:
1.- Los países que son repúblicas según la definición práctica normalmente aducen que son repúblicas en un sentido tradicional, aunque en muchos casos sean regímenes autócratas o dictatoriales donde el pueblo no es soberano.
2.- Una monarquía electiva con soberanía popular o una monarquía parlamentaria serían repúblicas en sentido tradicional, porque la soberanía está en el
pueblo que otorga más o menos atribuciones a un monarca no soberano. Sin embargo en la práctica jamás se llama república a una monarquía».
«En las repúblicas democráticas, el Jefe de Estado ha de ganar unas elecciones. Estas elecciones puede ser directas o indirectas (se forma un consejo especial o es el parlamento quien elige a la cabeza del Estado). Cuando el presidente es electo, normalmente, desempeña su cargo en un periodo preestablecido (generalmente, de cuatro a seis años), finalizado este
periodo, se celebran nuevas elecciones. Muchas legislaciones nacionales, limitan el número de Reelecciones a las que puede presentarse un Presidente cuando ya ha concluido su primer mandato».
«Existen repúblicas presidencialistas, como el caso de Estados Unidos, Argentina y Ecuador, donde el jefe de Estado y el de Gobierno, elegido por el pueblo, coinciden, y parlamentarias, donde están diferenciadas las funciones del Jefe de Estado y del Jefe de Gobierno, que es elegido por el Parlamento, frente al que es responsable políticamente, como
Alemania, Austria, Israel y Grecia.
En los sistemas semipresidenciales, puede darse el caso (dependerá de los sistemas y calendarios de elección de cada país) de que el Presidente de la República y el Primer Ministro pertenezcan a diferentes partidos políticos con ideologías encontradas. Esta cohabitación suele darse a menudo en Francia».
«Una república parlamentaria o república constitucional parlamentaria es una forma de
gobierno que opera bajo un sistema parlamentario. En Italia la política se basa en un sistema republicano parlamentarista con democracia representativa desde el 2 de junio de 1946.
En oposición a la república presidencialista y la república semipresidencialista, el jefe del estado, normalmente, no tiene poderes ejecutivos reales como un presidente ejecutivo, ya que la mayoría de estos poderes le han sido concedido al jefe de gobierno, normalmente llamado primer ministro. Sin
embargo, el jefe de estado y el jefe de gobierno deben formar una sola oficina en una república parlamentaria (como Sudáfrica o Botsuana), pero el presidente se sigue eligiendo de la misma manera que el primer ministro en los estados tipo 'sistema de Westminster'. En ciertas ocasiones el Presidente ha de tener poder ejecutivo legal, para llevar a cabo el día a día de las instituciones (como en Finlandia o Irlanda) pero no hacen uso de estos poderes. Algunas repúblicas parlamentarias podrían, por tanto, ser
vistas como repúblicas con un sistema semipresidencialista, pero funcionando de una forma parlamentaria.
En otros países, como Alemania o India, sin embargo, el presidente de la República, tiene que permanecer estrictamente independiente a la dinámica gobierno/oposición».

REPÚBLICA Y RELIGIÓN
Repúblicas laicistas
«Muchas veces, las revoluciones que han propiciado el cambio de Monarquía a República han sido altamente laicistas, lo que en ocasiones ha despertado un importante sentimiento anticlerical a raíz del apoyo y el simbolismo que algunas confesiones religiosas como el catolicismo han prestado al Antiguo Régimen, o por su estrecha vinculación con las oligarquías, así como el papel eminentemente reaccionario que las jerarquías eclesiásticas han tendido a desempeñar en su
complicidad o defensa activa del orden establecido. En los casos de mayor exacerbación, o de mayor acumulación histórica de frustración y sufrimiento por parte de las clases populares y oprimidas, a raíz del 'statu quo', esto ha llegado a provocar quemas de iglesias, persecución de religiosos y destrucción de arte sacro, etc. Casos de ello se dieron en Francia, durante la revolución francesa, o en algunas revoluciones socialistas, como las que dieron paso a las distintas Repúblicas de la Unión Soviética (algunas
de corta duración), así como las de Vietnam, Corea del Norte, China, México o la inconclusa Revolución social española de 1936, que tiene lugar en el seno de la II República tras el frustrado golpe de Estado por parte de los militares sublevados, que dio lugar al estallido de la Guerra Civil, siendo los intentos o afiliaciones revolucionarias duramente reprimidas desde el bando sublevado. Aunque también la imposición de monarquías o estados totalitarios han fomentado en ocasiones la persecución o ataque a
minorías religiosas como a los judíos, o a los cristianos en el Japón Tokugawa, o han legitimado su poder en la religión, como la dictadura del General Francisco Franco y su nacionalcatolicismo.
En los Estados Unidos, no sucedió esto, probablemente, porque la suya más que revolución, fue ante todo una Guerra de Independencia para librarse de los abusos de la corona británica. No obstante, la joven nación no eligió ninguna religión de Estado en especial, aunque sí hace referencia en
ocasiones a la Biblia o a Dios, por ejemplo en su constitución. Francia, pionero en la independencia de la religión y el estado, asumiría la laicidad del estado finalmente a principios del siglo XX.
Si bien es cierto que muchas veces se ha esgrimido el sentimiento anti-religioso para favorecer la implantación de un régimen republicano, otras tantas veces, ha sido al revés, se ha utilizado un sentimiento religioso (en ocasiones, incluso fundamentalista), con idéntico objetivo».


La República guiando al pueblo
REPUBLICANISMO
«El término republicanismo hace referencia a una corriente de pensamiento político surgida en algunas municipalidades italianas de la Edad Media que confirió nuevo sentido a las tradiciones ciudadanas griegas y romanas, animó gran parte de los debates políticos de la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII, influyó sobre los padres fundadores de la independencia estadounidense y, tras casi dos siglos de discreto silencio, ha llegado hasta nuestros días
como soporte de los clásicos ideales del 'vivere libero'. El republicanismo —en su dimensión doctrinal ajena a las formas de gobierno y a su contraposición con la monarquía— es un programa de investigación de las decisiones políticas, no una receta trazada de una vez por todas.
La tradición republicana no es contradictoria con los principios liberales, sino que los complementa y
potencia mediante una participación ciudadana
efectiva. Para ello, es preciso reforzar ciertos
elementos, todavía muy débiles, de las democracias representativas que predominan en la actualidad: fomentar una cultura cívica más robusta, alcanzar una mayor igualdad social y organizar unas instituciones políticas que aumenten la calidad de la participación, en especial mejorando los mecanismos de deliberación a efectos de adoptar las decisiones políticas más adecuadas a los intereses de todos».

Bandera de la I República Española  
Bandera de la II República Española 
Republicanismo en España

«Tras dos experiencias frustradas (1873-1874 y 1931-1939), en España se experimenta en los últimos años un renovado interés por el republicanismo, interés que se plasma en una cierta revitalización de los movimientos en favor de la reinstauración de la República como forma de Estado. Una muestra de este movimiento es el surgimiento de plataformas como Ciudadanos Por la República o la creciente
alusión al republicanismo por parte de partidos como Izquierda Unida y partidos minoritarios, generalmente de izquierdas [como Podemos], así como por parte de partidos independentistas tales como Esquerra Republicana de Catalunya. En una encuesta realizada en el 2007 apunta, que, un 69% de la población está a favor de la continuidad de la monarquía frente a un 22% que opta por la república. Otra encuesta de Sigma Dos del 2008 afirma que un 57,9% de la ciudadanía española se muestra
indiferente en el momento de elegir a favor de la Monarquía o la República. Un 16,2% dice sentirse republicano, un 15,7% se declara monárquico y un 7% afirma ser juancarlista. En diciembre de 2013 Sigma Dos realizó una nueva encuesta y esta vez el porcentaje de personas que apoyaban la Monarquía como forma de Estado para España bajó por primera vez del 50%, quedándose a 49,9%, mientras que los que abogaban por cambiar el sistema ascendieron hasta un 43,3%».


MONARQUÍA
«La monarquía es una forma de gobierno de un Estado (aunque en muchas ocasiones es definida como forma de Estado en contraposición a la república) en la que la jefatura del Estado o cargo supremo es:
1.- Personal, y estrictamente unipersonal (en algunos casos históricos se han dado diarquías, triunviratos, tetrarquías, y en muchas ocasiones se establecen regencias formales en caso de minoría o incapacidad o valimientos informales por propia voluntad).
2.- Vitalicia (en algunos casos históricos existieron magistraturas temporales con funciones similares, como la dictadura romana, y en muchos casos se produce la abdicación voluntaria o el derrocamiento o destronamiento forzoso, que puede o no ir
acompañado del regicidio).
3.- Designada según un orden hereditario (monarquía hereditaria), aunque en algunos casos se elige, bien por cooptación del propio monarca, bien por un grupo selecto (monarquía electiva)».
«El término monarquía proviene del griego μονος (mónos): ‘uno’, y αρχειν (arjéin): ‘gobierno’, traducible por gobierno de uno solo. A ese único gobernante se le denomina monarca o rey (del latín rex) aunque las denominaciones utilizadas para este
cargo y su tratamiento protocolario varían según la tradición local, la religión o la estructura jurídica o territorial del Gobierno».
[En este punto me referiré a las dos formas de monarquías modernas existentes en los países más avanzados]

Monarquismo constitucional
«El Monarquismo Constitucional defiende un sistema donde las leyes del gobierno reposan sobre una serie de prerrogativas reales entre el monarca (responsable máximo del Poder Ejecutivo) y el Parlamento (responsable máximo del Poder Legislativo). Esta forma de gobierno, que confiere la soberanía de reales prerrogativas gubernamentales,
esta actualmente en vigor en Bélgica [Monarquía Federal Constitucional (1831)],  Japón [Monarquía Constitucional (1952). En la práctica Monarquía Parlamentaria] ,Liechtenstein [Principado Constitucional (1862)], Mónaco [Monarquía Constitucional (1911)], Noruega [Monarquía Constitucional (1814). En la práctica Parlamentaria], Países Bajos (Holanda) [Monarquía Constitucional. Se rige de acuerdo al Estatuto del Reino de 1954 y a la Constitución de 1815], Suecia [Monarquía
Constitucional. Su Constitución se compone de cuatro leyes fundamentales: el Instrumento de Gobierno 1974, la Ley de libertad de prensa de 1949, la Ley de sucesión de 1810 y la Ley libertad de expresión de 1991. En la práctica es una Monarquía Parlamentaria].
Para los constitucionalistas más moderados, el rey todavía debe ejercer importantes poderes ejecutivos conjuntamente con el Gobierno que cuente con la confianza del parlamento, y de hecho proponen una
soberanía compartida entre el monarca y el Pueblo (representado éste último por sus representantes políticos surgidos de elecciones democráticas)».
«Sin embargo, para la mayoría de los monárquicos constitucionalistas toda la soberanía debe ser para el Pueblo o Nación (de allí llamarla soberanía nacional); el monarca sólo lo es porque el pueblo se lo permite por medio de la Constitución Nacional y, sí la mayoría del pueblo le retirara la confianza, podría destituirlo en cualquier momento mediante una reforma
constitucional (para implantar la República o elegir otro Monarca). Para ellos el monarca no debe tener ningún poder real; sus funciones sólo deben ser de dos tipos: ceremoniales o decorativas (presidir ceremonias públicas solemnes, servir de anfitriones de personalidades y gobernantes extranjeros, inaugurar obras públicas, y en general "relaciones públicas"); y simbólicas gubernativas (firmar los decretos y reglamentos ya redactados y aprobados por el Primer Ministro y su Gabinete, y también las
leyes aprobadas y sancionadas por el parlamento; "nombrar" al Primer Ministro elegido por el Pueblo, etc.)».
«Para ellos el verdadero gobernante del país debe ser el Primer Ministro o Presidente del Gobierno elegido por el parlamento (que a su vez es elegido por el pueblo en elecciones). En la actualidad casi todos los países europeos monárquicos tienen sistemas de gobierno organizados de acuerdo a éstas ideas de los constitucionalistas».

Monarquía Parlamentaria
«La monarquía parlamentaria es una de las formas de gobierno existente en las democracias occidentales actuales, en la que el rey ejerce la función de jefe de Estado bajo el control del poder legislativo (parlamento) y del poder ejecutivo (gobierno), es decir, el rey reina pero no gobierna (expresión debida a Adolphe Thiers). Las normas y decisiones emanadas del Parlamento regulan no sólo el funcionamiento del Estado sino también la actuación y funciones del propio rey».
«Es muy usual, incluso en la bibliografía de las
ciencias políticas, identificarla con otro tipo de monarquía, la monarquía constitucional, aunque ésta tiene una característica bien distinta, y es que permite reservar una mayor capacidad y funciones al rey, que retiene gran parte del poder, por ejemplo, controlando al poder ejecutivo».
«En la mayoría de las monarquías parlamentarias actuales la autonomía y poderes del monarca están muy limitados y recortados, pudiendo el Parlamento en cualquier momento tomar decisiones que
obliguen a su cumplimiento por parte del Rey. Las excepciones a estas limitaciones generalizadas son puras reminiscencias históricas que se mantienen por tradición en algunas monarquías más antiguas, aunque normalmente se refieren a temas de poca trascendencia para la vida política del país. La toma efectiva de decisiones se mantiene en el Gobierno y en las distintas cámaras de representación parlamentaria, que en una monarquía parlamentaria son considerados los depositarios de la soberanía
popular».
«En este tipo de sistema político el monarca sanciona las leyes y decretos que le son presentados para firmar por parte del Gobierno y Parlamento».
«Suele ser habitual en una monarquía parlamentaria que el monarca disfrute de privilegios en función de su papel como máximo representante del país y Jefe del Estado. Estos privilegios suelen referirse no sólo al mantenimiento económico de la familia real y su seguridad, sino también a cuestiones de inmunidad
jurídica, etcétera, que por afectar a uno de los principales órganos de representación del Estado, suelen venir regulados por una Constitución o una norma similar de carácter fundamental en Derecho».
«Este tipo de Monarquía está presente actualmente en Dinamarca [Monarquía Parlamentaria 1901], España [Monarquía Parlamentaria 1978], Luxemburgo [Monarquía Parlamentaria 1868], Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte [Monarquía Parlamentaria. No tiene Constitución
escrita] y los países integrantes de la Mancomunidad de Naciones [Commonwealth] que son monarquías bajo la soberanía británica: Antigua y Barbuda, Australia, Bahamas, Barbados, Belice, Canadá, Granada, Islas Salomón, Jamaica, Nueva Zelanda, Papua-Nueva Guinea, Reino Unido, San Cristóbal y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas y Tuvalu. como el caso de Australia y Nueva Zelanda donde el monarca británico puede destituir al primer ministro».

[NOTA: Aunque, teóricamente, la república hace referencia a que la soberanía reside en el pueblo de forma democrática, en la práctica, el concepto república se lo pueden atribuir estados que simplemente no adopten como a una forma de monarquía, incluyendo en ocasiones estados con sistemas totalitarios, oligarquías o dictaduras, como Corea del Norte. Por ejemplo, los autócratas tratan de maquillar su forma de gobierno con trajes democráticos llamándose presidentes, en vez de reyes y república a la forma de gobierno de su país en lugar de monarquía o dictadura.
Siempre han existido repúblicas, en cierto modo con rasgos de monarquías absolutistas, donde el Jefe de Estado puede tener muchas de las características de un monarca o rey, llegando a instalar a presidentes vitalicios (concepto muy cercano o paralelo al de
dictador). Este tipo de presidente, muchas veces, tiene un poder más allá de lo que es habitual en una democracia. Un ejemplo es el caso de la República Árabe de Siria en la que a partir de 1970 el cargo presidencial puede devenir en hereditario.
Durante mucho tiempo, república era un concepto de estado moderno y de ideas ilustradas o liberales diametralmente opuesto a monarquía, símbolo del Antiguo Régimen. Éste es el caso, no sólo de Antigua república romana sino de estados modernos como
Estados Unidos, tras su independencia del estado monárquico de Gran Bretaña o Francia, tras la revolución francesa, punto de referencia de la actual historia moderna. En cambio hoy, esta radical oposición ha quedado diluida por la propia aceptación y evolución de algunas monarquías, especialmente europeas, hacia sistemas de monarquía constitucional o parlamentaria, régimen similar a una república, en el sentido de concederse casi totalmente la soberanía en el pueblo en forma de derecho a voto, aunque conservando como máximos representantes del estado en un cargo heredable entre otras particularidades. Es el caso de Gran Bretaña o España, entre otros países].

Fin de la Primera Parte