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miércoles, 29 de abril de 2015

Carta abierta al Sr. Rajoy

Sr. Rajoy.

Soy un ciudadano español harto de usted, de su partido y de todo lo que representan.

Soy un español que creyó que a partir del 79 este país había comenzado un cambio que poco a poco nos llevaría a una democracia plena.

Soy un español que vivió muchos años el franquismo, en el que, por su ausencia, aprendí el sentido de la palabra «Libertad». A ésta luego le siguieron muchas otras, todas relacionadas con los derechos humanos.

Pero ésa ilusión ha ido desapareciendo a medida que la acción política de los principales partidos de este país -PSOE y PP- ha derivado hacia una partitocracia de turnos que ha borrado las diferencias entre ambos, en la que los intereses de ambos se han puesto por delante de los de la ciudadanía, bien por su afán de mantener el poder para alimentar el ego y los sucios intereses personales de los respectivos dirigentes, así como los intereses clientelares de muchos de sus cargos públicos y de sus "amigos".

Este reproche lo comparten por igual PSOE y PP, y también algún otro partido del ámbito nacionalista, me refiero a CDC y UDC -CiU- y PNV, así como los sindicatos CC.OO. y UGT.

Tampoco excluyo de él a la máxima representación del Estado, la Monarquía Española, que ha dilapidado todo el crédito que llegó a poseer incluso entre algunos de los que nos definimos como republicanos.

Todos ustedes, de la mano de los plutócratas de este país, nos han traído al estado actual, contando con la colaboración de una ciudadanía  no educada para vigilar el comportamiento de sus políticos en defensa de la democracia; para reclamar transparencia en sus actuaciones. Solo educada para depositar su voto periódicamente. El perfecto 'ciudadano elector'. En ocasiones subsidiado desde el poder para obtener su voto. Hay muchas formas de hacerlo. Ninguna legítima ni ética, pero todas eficaces. ¿Cómo si no se pueden explicar algunos resultados electorales?

Ustedes han ayudado a extender ése cáncer llamado corrupción a una gran parte de la sociedad, en lugar de optar por una didáctica que mostrara que la corrupción es un mal  social. Actuaban por su propio interés, pues así esperaban que la gente mostrarse comprensión en el caso de que sus propias actividades corruptas salieran a la luz. Buscaban un colchón de impunidad a costa de la "ignorancia del pueblo".

Y durante un tiempo les ha funcionado, pero ya no. Ha llegado la hora de que todos ustedes respondan ante la ley y el pueblo. La ley la administra la justicia, que es lenta, pero los ciudadanos, el pueblo, ya ha dictado sentencia; que coincidirá o no con la de los jueces, pero políticamente ya les ha juzgado.

Los ciudadanos dictarán su sentencia cuando depositen sus votos en las urnas. No queda mucho; sin embargo, las experiencias de tiempos recientes no ayudan a templar la justa indignación e impaciencia.

Si le dirijo esta carta a usted en lugar de al conjunto de todos ustedes, es porque considero que su partido, el PP, y usted en particular, como presidente del gobierno, del partido e incluso como persona, encarna lo peor de todo lo que he afirmado anteriormente.

Por mucho que haga constante alusión a "la herencia recibida" -pero no desconocida, no nos mienta- ha sido usted y su partido los que han tenido responsabilidades de gobierno desde finales de 2011.

Usted podía haber optado por otra forma de gobernar, pero eligió la más fácil para usted y sus amigos y la más difícil, dura y más dañina ha para su pueblo.

A usted no le gusta la política, ya lo sabemos, y como gestor es un ejemplo a no seguir, también lo sabemos, y que es indolente, por lo que no toma decisiones; pero también sabemos ahora es que es cobarde, no arriesga en la búsqueda de alternativas si alguien se lo da hecho, y ha usted se lo han dado hecho. La Sra. Merkel, la Comisión Europea, el BCE, el FMI y la OCDE le han dicho qué tenía que hacer para gobernar España y usted, desde su cobardía política, su indolencia y sus ideas neoliberales ha obedecido. Éso sí, sin pensar en los ciudadanos de este país.

Las dificultades que haya podido tener en su gobierno no han surgido de búsqueda de lo mejor para el pueblo español, sino de la adecuación de la gestión de su gobierno a los planes que le daban las fuentes que he mencionado.

Claro, que contaba con un instrumento esencial para llevar a cabo los cambios solicitados por sus socios. Tenía casi todo el poder territorial y mayorías absolutas en el Congreso y el Senado. Éste poder, utilizado de forma radical, como siempre ha hecho el PP, le otorgaba una gran ventaja práctica. Y para rematar, utiliza ése poder para hacerse con el control de todas, absolutamente todas las Instituciones del Estado, terminando así con uno de los pilares de la democracia, la separación de poderes. España es casi toda suya.

Desde ésa base, acabar con la educación pública, la sanidad pública, el empleo público, las dotaciones para la dependencia, el plan de I+D+i, la justicia gratuita y universal, y un largo etcétera en el que también incluyo una ley laboral que no solo no ha rebajado significativamente las cifras del desempleo, sino que lo ha llevado a un nivel tan precario que tener trabajo no significa salir de la pobreza ni poder afrontar con esperanza un futuro. Llevar a cabo todo eso es un plan fácil de realizar cuando se cuenta con tanto poder político como usted y su partido han llegado a acumular. Pero con ello ambos, que son uno, han demostrado lo poco que les importan los ciudadanos españoles.

Con usted al mando del gobierno su partido, el PP, se han asaltado las instituciones del estado, todas están a sus ordenes, las han convertido en instrumentos de su política, las han prostituido, han dejado de ser independientes del poder ejecutivo. Usted las controla todas. Hoy las instituciones del estado carecen de legitimidad y credibilidad.

Y no me diga que está legitimado porque fueron casi 12 millones de esos españoles los que les eligieron para gobernar por cuatro años. Su elección es legal, pero la legitimidad se gana o pierde con la acción diaria de gobierno, y ustedes la perdieron  de inmediato cuando tras ganar unas elecciones con un programa electoral a la medida de lo que sus votantes pedían, estando muy bien informados de que no podrían llevarlo a cabo, lo cambiaron por el que les impusieron desde Europa. No me traicionaron a mí, que nunca les he votado, traicionaron a los suyos, los que depositaron su confianza en el PP.

Con su gobierno y su partido, España se ha empobrecido y endeudado por varias generaciones. Con ustedes aumentó el paro, y siguieron destruyendose empresas. Hoy la tasa de cobertura por desempleo se sitúa cerca del 50%. Hoy, más de 1,8 millones de familias tienen a todos sus miembros sin trabajo.

Según la EPA del primer trimestre de 2015, se han destruido 114.100 empleos respecto al cuarto trimestre de 2014, y la tasa de población activa sigue descendiendo. Su respuesta a esta encuesta ha sido triunfalista. En una insólita aparición pública desde su despacho, dijo, sacando pecho, que los datos de la EPA eran muy buenos y confirmaban la recuperación económica, ya que el paro del primer trimestre de este año se había reducido en 13.100 personas respecto al cuarto trimestre del año anterior. En efecto, éso recogía la encuesta, que también añadía que el número de personas en paro se sitúa en 5.444.600, siendo la tasa de paro del 23,78%, siete décimas más que en el trimestre anterior.

¿Dónde encuentra usted los motivos para sentirse triunfalista? ¿En las perspectivas de subida del PIB para 2015? Y las personas, ¿qué pasa con ellas? ¿cuando van a repercutir en ellas esas perspectivas de crecimiento del PIB? ¿qué hacen mientras tanto?

Para usted, Sr. Rajoy, los españoles, los ciudadanos, son solo cifras, una variable más en su hoja de cálculo.

¿Qué? ¡Ah, ya! Que usted no siente empatía por las personas. Si, ya lo sabemos, pero como presidente del gobierno su obligación es cuidar por su bienestar, aunque no sienta empatía por nosotros. No le pedimos que nos quiera, sino que gestione el país en búsqueda de nuestro bienestar, si no sabe hacerlo debería irse ya.

Esos gestos triunfales no convencen ya ni a sus votantes, y si lo hace con algunos ¡allá ellos!, pero no nos joda a los demás.

Sus palabras y gestos de triunfo no consiguen cambiar la opinión de la mayoría de la ciudadanía, harta ya de sus mentiras, cobardía y desprecio por los ciudadanos de este país. Reforzada además por los constantes casos de corrupción de exvicepresidente, exministro, embajadores, diputados y cargos públicos del PP.

¿De verdad cree que los españoles no somos conscientes de que los pocos avances logrados en la economía no son fruto de su gestión, sino de cambios introducidos por factores externos como las actuaciones del BCE, el rescate bancario, la bajada del euro respecto al dólar estadounidense y la bajada del precio petróleo?

¿De verdad cree que tan solo la economía es el factor que tenemos en cuenta los ciudadanos a la hora de decidir nuestro voto?

Pues si es así, está muy equivocado Sr. Rajoy, los españoles también somos conscientes de la pérdida de libertades -ahí esta la ley mordaza-, de la injerencia ideológica en la educación, tanto en la reforma educativa como en la política en contra de la escuela pública y a favor de la concertada y privada, en su mayoría ramas de la Iglesia Católica; también en cuestiones que afectan al ámbito privado de los ciudadanos y ciudadanas de este país. En la forma de legislar, adecuando las leyes a la conveniencia de sus intereses espurios, bastardos, de su gobierno, partido y amigos.

Usted sabe perfectamente que muchas de sus leyes están siendo estudiadas por organismos internacionales como ONU, CE, Tribunal de Estrasburgo, etc, porque es probable que estén en contradicción con el Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Asimismo conoce la valoración que de su política económica, social y de libertades, han hecho diversos medios de comunicación internacionales de prestigio mundial, valoraciones todas muy críticas e incluso negativas. De todo esto estamos informados muchos españoles, pero usted no lo valora, no son razones para haber cambiado su forma de gobernar en esta legislatura.

Comprendo su posición, usted es solo un pequeño actor de un bloque de poder a nivel mundial, que está trabajando para cambiar el modelo económico-social existente hasta la llegada del neliberalismo de Thatcher y Regan y la caída del bloque soviético, por uno que se rige por un principio: la escasez de trabajo rebaja los costes salariales, el trasvase de recursos y doblega a los individuos. Es decir un mundo en el que una ínfima minoría de la humanidad posee casi el cien por cien de la riqueza y control de los recursos. El resto lucha por un trabajo con salario mísero, ésa lucha los divide y su control es fácil.

La excusa: el modelo anterior es insostenible. El estado del bienestar es una utopía. El mercado manda. Hay que volver a los principios del capitalismo.

¿Están convencidos de que no se repetirá la Historia? Un sistema similar se vino abajo hace poco más de dos siglos cuando el resto de individuos cobró conciencia de su poder. Deberían recordar que en aquella ocasión histórica rodaron muchas cabezas. No lo digo por la suya, todavía es pronto. No se dan las condiciones objetivas.

Sr. Rajoy, sigue confundiendo  ciudadanos con vasallos. A un pueblo en lucha que quiere echarle a usted y los suyos del poder, con un aborregado grupo de dirigentes del PP.

La ciudadanía de este país le niega la 'auctoritas' para seguir gobernando su destino.

Sr. Rajoy, los españoles estamos hartos de su 'desgobierno', de sus promesas incumplidas, de sus juegos malabares con las cifras, de sus constantes rectificaciones, de la falta de política en su gestión, de la carga de una ideología trasnochada en sus decisiones, de su desprecio por la opinión pública, de su falta de valor para presentarse cara a cara con los periodistas, de su incomparecencia ante la ciudadanía de este país -en un formato libre de cortapisas- para darle cuenta de su gestión, de su permanente cobardía frente a otros países para defender los intereses nacionales y algunas de las conquistas sociales y jurídicas que habíamos logrado como país soberano.

Por cierto, Sr. Rajoy, ya sé que hace mucho que se le ha olvidado, como a muchos otros miembros de la casta política, pero yo se lo recuerdo. Usted tiene, como le corresponde, el estatus y privilegios de Primer Ministro, pero no es otra cosa que un servidor público. Somos los españoles en conjunto los soberanos de este país, somos los sujetos a los que usted debería servir, pero usted, Sr. Rajoy no piensa en ello, solo piensa en mantenerse en el poder.

Pues bien, Sr. Rajoy, ya sabemos cómo nos sirve y por eso le decimos que no nos sirve. Coja el finiquito y no vuelva. Tampoco cometa la torpeza de pedirnos una carta de presentación, no le conviene.

Prepare sus cosas y deje libre el puesto a finales de noviembre.

Atentamente.

Un ciudadano español.


Majadahonda, 29 de abril de 2015.

domingo, 12 de abril de 2015

Rajoy, el PP y el Consejo Nacional del Movimiento

Rajoy ante las elecciones: Estupefacto


Prietas las filas,
recias, marciales,
nuestra escuadras van 
cara al mañana 
que nos promete
Patria, Justicia y Pan.


Así comenzaba el himno del Frente Nacional de Juventudes. Toda una alabanza a la unidad y obediencia al líder, el que señala los objetivos y traza la estrategia. El único conocedor de qué es lo mejor para la patria.

Dicen las malas lenguas que con ésta canción terminó ayer, la reunión de la Junta Directiva Nacional del PP.

Curiosa reunión; desde el principio estuvo preñada de echos que sorprenden.

A mí, la reunión me ha recordado, en su liturgia, a las del Consejo Nacional del Movimiento, cuando acudía Franco.
Franco hablaba, después aplausos

La convocatoria tuvo lugar el pasado 1 de abril, miércoles santo, para el 7 de abril, martes de pascua. Su objetivo: «El presidente convoca el martes a la Junta Directiva Nacional para revisar sus políticas de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales».

Pero en realidad:
¿Por qué su convocatoria, su necesidad?:
Por el fracaso de la reunión del Comité Ejecutivo Nacional celebrada el pasado 23 de marzo, tras las elecciones andaluzas, al que no asistieron la mayoría de los barones territoriales del PP, y en el que el propio Rajoy, al final de su discurso y ante la ausencia de intervenciones, llegó a decir "¡Que hable alguien!".

¿Por qué su urgencia?:
Por la proximidad de las elecciones autonómicas y municipales convocadas para el 24 de mayo, y en buena parte por lo anterior, el fracaso rotundo de la reunión del Comité Ejecutivo Nacional del 23 de marzo, día siguiente a las elecciones andaluzas.

También, por el creciente  descontento que existente en diversos sectores del PP, en particular entre los barones y candidatos a las elecciones del próximo 24 mayo, por el rumbo adoptado por Rajoy al apostar todos los argumentos electorales a la mejora económica, -según él la percibe, pero no la ciudadanía-. Con esta decisión, Rajoy, una vez más, descarta la política del debate electoral.

Debemos tener en cuenta que los resultados que logre cada partido el 24 de mayo, van a tener una gran trascendencia de cara a las elecciones generales, que se celebrarán, probablemente, a finales de noviembre. Alguno de los que se perfilan candidatos para esas elecciones, podría no serlo, incluso alguno de los partidos en liza podría desaparecer. De modo que las elecciones autonómicas y municipales de mayo son una especie de primera vuelta de cara a las generales.

Por otro lado, en clave interna, algunos han especulado, interesadamente, sobre las decisiones que podrían surgir de ésa reunión; descartado un cambio de rumbo en el argumentario electoral, las especulaciones se centraban en un posible relevo de Cospedal al frente de la Secretaría General del partido. Es sabido que dirigentes populares reclaman una persona liberada al frente del partido, y no como Cospedal, que está compatibilizando sus funciones en el partido con la Presidencia de la Comunidad de Castilla-La Mancha.

Quienes hablaban de ésa posibilidad o desconocen el talante de Rajoy o pretendían crear las condiciones para que dicho relevo tuviera lugar. Son conocidos los enfrentamientos existentes entre Cospedal, de una parte y Arenas y Sáenz de Santamaría, por otra.

De echo, al encuentro se ha llegado después de una Semana Santa en la que se han cruzado declaraciones y  comentarios entre fuentes del partido descontentas con el rumbo de la  formación y afines a la secretaria general, María Dolores de Cospedal, que han defendido su labor públicamente. El telón de fondo,  el batacazo electoral en Andalucía y el supuesto enfrentamiento entre  sectores del partido por el rumbo de la formación.

A la reunión acudieron la mayoría de los convocados. Tras la preceptivas intervenciones de la Secretaria General, María Dolores de Cospedal,  y del ViceSecretario General de Organización, Carlos Floriano, tomó la palabra el Presidente del Partido, Mariano Rajoy, que agradeció el esfuerzo de todos y en concreto a Cospedal, con éstas palabras:
«Quiero agradecer a la secretaria general su trabajo, que ha tenido que lidiar con momentos muy difíciles...».
Con lo que dejó zanjas las especulaciones sobre su relevo.

En su esperado discurso ante los casi 600 miembros presentes de la Junta Directiva Nacional, prometió éste “corregir errores” políticos para tratar de tranquilizar a los barones territoriales y candidatos de su partido, que durante la última semana han exigido, en público y en privado, un cambio de rumbo en la dirección que evite otro desastre comparable al de Andalucía, en las elecciones de mayo.

Sin embargo, cuando Rajoy concretó, su discurso seguía siendo el mismo, siguió apoyándose en la recuperación económica y en recalcar el esfuerzo que todos deberían hacer para que el mensaje llegue al ciudadano, «que ya lo está comenzando a percibir» (¿?).

Por lo demás, lo único que me parece resaltable de su discurso, fue su alusión a no olvidar la pertenencia al PP, en referencia a los que tratan de mostrar una postura distante de la de Génova:
«quiero deciros que los que estamos aquí somos miembros del PP y vamos a ir en las listas del Partido Popular... Llevo aquí toda mi vida activa, y este partido nos ha dado mucho, a mí muchísimo. Y este partido y esta sigla de PP es la que nos va a hacer ganar de nuevo las elecciones».

Y, por otra parte, la reafirmación de la unidad dentro del PP:
«Este no es el partido de una persona, con su personalidad, forma de ser, sus creencias, su particular manera de entender la política. No voy a hacer un llamamiento a la unidad porque este es un partido unido. Lo único que vengo a pediros es un nuevo esfuerzo por España. Yo lo voy a hacer, y sé que vosotros también. No nos jugamos una victoria más o menos, sino salir definitivamente de la crisis, la estabilidad y seguridad de la nación».

La identificación del PP con el futuro de España fue constante a lo largo de su intervención.

La única autocrítica que realizó está contenida en las siguientes palabras:
«Nos dirán con razón que les hemos defraudado en cosas, nos recriminarán con razón por los casos de corrupción y les diremos que estamos tan abochornados como ellos por los casos que hemos conocido, no estábamos a salvo de esas conductas reprobables, pero podremos decir que no hay impunidad y hemos hecho reformas para atajar esos comportamientos...».

El resto fueron arengas y autocomplaciencia.

Tras el discurso de Rajoy, ninguno de los miembros del máximo órgano de decisión entre Congresos, tomó la palabra para formular una pregunta o  expresar su opinión. Todos se limitaron a aplaudir. A continuación abandonaron la sala ordenadamente.

Igual ocurría en las reuniones del Consejo Nacional del Movimiento presididas por Franco.

El académico José María Pemán, afecto al régimen, decía del Consejo Nacional del Movimiento, con su gracejo gaditano lo siguiente:
 «Es un órgano colegiado que se reúne de vez en cuando para escuchar lo que dice el aconsejado».
¿Acaso no es esto lo que ha hecho la Junta Directiva Nacional del PP, en la reunión del martes?

Esta tensión tiene convulso al PP; la falta de autocrítica pública y privada, el silencio en las reuniones de sus órganos de dirección, es consecuencia de un concepto que arrastra el partido desde su origen. Su estructura es presidencialista y el presidente del partido utiliza su poder de manera absolutista porque así está previsto en los estatutos. En realidad es el "líder" el "caudillo" de toda la organización. Lo decide todo con mano dura en pos de la unidad del partido. Suya es la última palabra. Él pone y quita a los cargos del partido, y a los candidatos a cargos públicos. Nadie le contradice, y el que lo intenta pone en peligro su futuro político. En definitiva, se prima "la obediencia ciega al líder"

Hoy ése cargo lo ostenta Mariano Rajoy y le viene muy grande. A diferencia de Manuel Fraga o José María Aznar, no tiene su carácter fuerte y resolutivo. Lo suyo es dejar que los problemas se resuelvan solos o que se pudran. Sus tiempos no se corresponden con los tiempos de la  dinámica de la política actual. Por eso va siempre arrastras de los acontecimientos, tanto en política interior como exterior. Actúa al mandato de las ideas e iniciativas de otros, aunque siempre se arrogue el éxito y calle ante el fracaso. Políticamente hablando es cobarde.
De echo, no le gusta la política ni sabe moverse en ella.

Salvo Antonio Hernández Mancha,  en tiempos de AP, no ha habido otro presidente del partido conservador español que haya sido más cuestionado, ni tampoco que haya acumulado tanto poder. Un patrimonio que está muy cerca de perder.

Pasados unos días, se demuestra la inutilidad de la reunión. Nada ha cambiado, los enfrentamientos y desplantes entre las diferentes corrientes del PP continúan. Los barones territoriales comienzan sus respectivas precampañas electorales evitando las referencias al partido, y sus símbolos están ausentes en los anuncios de la precampaña. Ninguno, al menos de momento, sigue las instrucciones que Rajoy planteó en la reunión del martes. Tienen mucho miedo a perder su feudo. Son conscientes de que ésa posibilidad tiene una alta probabilidad de convertirse en realidad.

Miguel Ángel Aguilar, había escrito ése mismo día, 7 de abril, en su columna en El País, bajo el título "Hasta la derrota final" el siguiente párrafo:
«Que en el último comité ejecutivo, tras la derrota electoral de Andalucía, todos guardaran silencio es revelador de un ambiente donde preguntar ofende, opinar descalifica y solo el asentimiento lanar es garantía de progreso».

Y terminaba diciendo, a modo de pronóstico :
«Todo indica que estamos en vísperas de una nueva migración de la derecha, que jugó al progresismo con la UCD, quiso volver por sus privilegios con AP, intentó el vale todo con el PP y ahora, insostenibles las gaviotas, podría anidar bajo otro logo».



Majadahonda, 11 de abril de 2015.

lunes, 30 de marzo de 2015

Los pantalones del Sr. Rajoy

El Gobierno del PP sigue sin respetar la Constitución. Incumple con la libertad de expresión y la libertad de prensa; para ello fuerza a las empresas de medios de comunicación a expulsar a aquellos profesionales que le son incómodos por adoptar una posición crítica con su política y sus mentiras, y las empresas tragan, aceptan su presión por razones económicas. Ahora ha sido Jesús Cintora, pero antes muchos otros han sufrido lo mismo. Ahí están Carlos E. Cué, Yolanda Álvarez como ejemplos más recientes. En el caso de Yolanda, corresponsal de TVE en Gaza, el Gobierno del PP se ha bajado los pantalones ante las presiones del Estado de Israel; igual que en otro caso distinto, en su día se los bajó ante el Gobierno de China y suprimió la Justicia Universal.

Dos cosas quedan muy claras:

1) El gobierno del PP gobierna bajo mandato de países extranjeros, y no por el mandato que le dieron sus votantes en las urnas. Ése error no debería repetirse.

2) El Sr. Rajoy se baja con gusto los pantalones en cuanto alguien se lo pide. Pero esto ya lo sabíamos.


Majadahonda, 30 de marzo de 2015

martes, 10 de marzo de 2015

Yo quiero un país...

Este artículo surge en mi mente y en mi corazón, al confirmar una noticia: Carlos E. Cué, pronto se irá a Buenos Aires como corresponsal de El País.

Uno de los mejores periodistas reporteros de España, especializado en temas de actualidad relacionados con el PP, tiene que abandonar su actual puesto por una decisión de la dirección de El País impuesta por el gobierno del PP, que no quiere que Carlos Elordi Cué siga haciendo preguntas incómodas a sus portavoces.

La libertad de prensa es uno de los pilares de la democracia.

Así la entiende el PP, así se vende al poder político vigente un periódico de tirada nacional y que ha tenido prestigio internacional, una publicación que hasta no hace mucho era un referente de ciudadanos de centro, progresistas e independientes.

No es un ejemplo único; hay más. De hecho hoy día todos los medios de comunicación soportan las presiones del gobierno del PP. Todos por un mismo motivo, su mala situación económica y el miedo a perder la publicidad institucional.

Pero es un ejemplo paradigmático de cómo la crisis económica de un medio de comunicación, lo pone al pie de los caballos de un gobierno que no sabe gobernar en democracia, por eso el PP necesita las mayorías absolutas.

Cuando el PP argumenta que es necesaria una estabilidad política para transmitir confianza a los agentes económicos y financieros para salir de la crisis, lo que quiere decir es "o yo o esto se va a la mierda, porque yo no voy a colaborar con nadie".

Y "yo" significa "gobiernos de mayoría absoluta", en términos de ciencia política: Gobierno de Partido Único Dominante. Porque el PP no puede -porque no sabe- gobernar en minoría, es incapaz de llegar a acuerdos, quiere todo el poder para él. Solo puede gobernar desde el poder absoluto, y eso no es democracia.

Es más de lo mismo. Históricamente la derecha española se ha considerado la única opción política legitimada para ejercer el poder, mediante la imposición de la máxima de "ley y orden".

El PP, y lo que representa, no es consciente de los cambios que el paso del tiempo ha traído a la sociedad. De hecho no reconoce, porque no tiene capacidad o interés en hacerlo, que la sociedad española ha cambiado profundamente, que el tiempo del posfranquismo, surgido de la transición, ha terminado, que los anhelos y exigencias legítimas de la sociedad española de hoy no son las de 1978.

Una de mis mayores preocupaciones, es que con un PP como el actual, enrocado en sus posiciones fundamentalistas, no será posible abordar a corto o medio plazo, los cambios que son necesarios en nuestro país, en su sistema político e institucional.

¿Es esto lo que queremos para el futuro inmediato?

Yo no, desde luego.

Yo quiero un país basado en el humanismo secular, entendido como integración de los valores humanos bajo una ética que rechaza los dogmas de todo tipo; que busca, mediante la discusión racional, la experiencia, y la responsabilidad individual, mejorar el bienestar humano. Un humanismo que en su aspecto social busca la libertad, igualdad, solidaridad y pericia en la gestión de la comunidad.

Yo quiero un país que adopte como forma de estado la república y la democracia como forma de gobierno; y que haga propios los principios recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Por eso:
»Yo quiero una reforma de la Constitución Española de 1978, que fue pactada en unos tiempos y circunstancias que nada tienen que ver con las actuales, por lo que no se ajusta a la sociedad de hoy ni a sus necesidades, circunstancias y aspiraciones.
»Yo quiero un país cuya forma de estado sea la república.
»Yo quiero un país de democracia real y plena.
»Yo quiero un país que respete los derechos humanos.
»Yo quiero un país que viva en paz y armonía con el resto de países del mundo.
»Yo quiero un país que colabore activamente en la ayuda al desarrollo de aquellos pueblos del mundo que lo necesiten.
»Yo quiero un país en el que los ciudadanos sepan defender su dignidad mediante el ejercicio de sus derechos y obligaciones; y, asimismo manteniéndose vigilantes del cumplimiento de las obligaciones de  las instituciones.
»Yo quiero un país en el que la división de poderes sea una realidad contrastable.
»Yo quiero un país de libertades y en el que la justicia sea independiente, universal y gratuita para aquellos que carecen de recursos económicos.
»Yo quiero un país en el que la libertad de expresión, individual, colectiva y de los medios de comunicación, no dependa más que de la aplicación del Código Penal, y no de la voluntad de un gobierno.
»Yo quiero una sociedad en la que la igualdad entre hombres y mujeres sea real en todos sus aspectos.
»Yo quiero un país en el que la mujer sea única dueña de sus decisiones  en lo que respecta a la contracepción, con especial referencia al aborto.
»Yo quiero un país en el que la laicidad esté consagrada por la Constitución, y garantizada por los tribunales.
»Yo quiero un país en el que los servicios esenciales de sanidad y educación sean universales, gratuitos  y públicos.
»Yo quiero un país que ame y cuide de sus niños, evitando el riesgo de la pobreza infantil.
»Yo quiero un país que no abandone a sus ancianos, referencia necesaria del pasado inmediato.
»Yo quiero un país que no abandone a los discapacitados ni a sus cuidadores.
»Yo quiero un país en el que la memoria histórica no sea el relato de unos, sino de todos.
»Yo quiero un país con un gobierno del pueblo y para el pueblo, con valentía y capacidad para hacer frente al poder financiero global, porque ése gobierno contará con el apoyo del pueblo.
»Yo quiero un país en el que la dación en pago liquide la deuda hipotecaria, en el que no se produzcan desahucios de familias con hijos menores a su cargo, ni de ancianos en la pobreza; en el que exista, por ley, una moratoria invernal para todo tipo de desahucios y se elimine la pobreza energética.
»Yo quiero un país en el exista una ley de "segunda oportunidad", sin requisitos que imposibiliten a los individuos o familias afectadas a recurrir a ella.
»Yo quiero un país en el que la igualdad de oportunidades sea real.
»Yo quiero un país en el que la fiscalidad sea más progresiva y los ricos y las empresas no tengan facilidad para defraudar; en el que ricos y empresas cumplan con el papel social que les es legítimamente exigible.
»Yo quiero un país en el que la lucha contra el fraude fiscal no se limite a perseguir al pequeño defraudador, sino a las grandes empresas y grandes fortunas, y que excluya la amnistía fiscal como un instrumento de recaudación.
»Yo quiero un país sin corrupción, para lo que es preciso una intervención previa de los gastos públicos, un control estricto de la contratación pública, un Tribunal de Cuentas ágil y, sobretodo, la implementación de una cultura cívica, desde la escuela, que rechace ésas prácticas que tanto daño hacen a la sociedad.
»Yo quiero un país en el que el conocimiento y el mérito contrastados sean las razones para ocupar puestos de responsabilidad pública.
»Yo quiero un país en el que sea exigible, por delante de toda consideración, la honorabilidad de los representantes del pueblo, cargos públicos y otros servidores públicos.
»Yo quiero un país en el que la transparencia de las instituciones y sus miembros sea total, y fácilmente accesible.
»Yo quiero un país en el que se alcance un pacto de estado sobre la educación.
»Yo quiero un país en el que se fomente el conocimiento humanístico
»Yo quiero un país que base su desarrollo en el conocimiento científico, tecnológico y en la innovación.
»Yo quiero un país en el que se cuide y fomente la cultura.
»Yo quiero un país en el que se respete el medioambiente y se apueste por las energías renovables.
»Yo quiero un país...

Yo quiero que España salga del pasado y se integre en el presente, que sea un país homologable con los de su entorno en todos los aspectos, con una mirada al futuro en la que quepa la esperanza y la dignidad de su pueblo.

Por eso, en este año electoral, cuando analizo las decisiones del gobierno, de su partido, así como las de las demás fuerzas políticas, me repito a mi mismo, y repito a mis amigos de twitter, esta pregunta que ahora os propongo:

¡Examina, piensa y elige, tú o ellos!


Majadahonda, 10 de marzo de 2015

sábado, 7 de marzo de 2015

Un día necesario: El Día Internacional de la Mujer

A propósito del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, también llamado Día Internacional de la Mujer.

Este día conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.


Es un día que no debería existir, pero existe porque en la Historia, y aún hoy, hay una brecha de género entre las mujeres y los hombres que lejos de cerrarse se amplía cada vez más. Esto ocurre en todos los aspectos de la vida, siendo el más evidente y trágico el de la violencia machista. Pero también ocurre en los salarios, en la escasa presencia de la mujer en órganos de decisión, en altos cargos de la carrera judicial, en órganos de poder, incluso en el hogar.

Es uno de esos días que no deberían existir, porque parece que todo lo relativo al sujeto de la conmemoración se centra en ése día, cuando es una categoría en la que debemos estar pensando todos los días, y luchando por ella.

Pero es un día necesario, por su carácter reivindicativo, por ser una llamada a todos -personas, gobiernos, instituciones, empresas, corporaciones- para recordarnos de que la sociedad tiene un débito por cumplir.

Por eso es necesario.


Majadahonda, 7 de marzo de 2015

miércoles, 18 de febrero de 2015

Las amenazas sobre Grecia y algunas reflexiones sobre Europa

Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas alemán, afirmó el lunes a una radio de su país:
«Siento mucho que los griegos hayan elegido a un gobierno "que se comporta de manera bastante irresponsable"».

Éstas palabras encierran una amenaza, ni siquiera matizada, que pende sobre el futuro inmediato de Grecia.

¿Es así como Alemania entiende el exigible respeto al ejercicio democrático del voto en los estados miembros de la UE?

¿Va a seguir pretendiendo dirigir los procesos electorales de los países del sur de Europa?

¿Es esta la Alemania que lidera la UE con la colaboración de una parte de los estados miembros?

Recuerdo la frase que afirma «No hay que alemanizar Europa, sino europeizar Alemania». ¡Cuánto de verdad encierra!

O el conjunto de los estados miembros de la UE asumen la diversidad de Europa, o la UE no pasará de ser un mercado común a ser una entidad política con peso propio en el contexto mundial.


Sabemos que Merkel trató de evitar que los griegos terminaran por votar mayoritariamente a Syriza; incluso promovió que Rajoy fuera al país heleno para apoyar a Samaras, líder de Nueva Democracia y primer ministro saliente. Uno de los responsables de la situación política y económica actual de Grecia, pero sumiso a los mandatos de la "troika", es decir de la política que Merkel quiere imponer en la Eurozona; no solo en lo económico-social sino en lo ideológico.

Un intento de intervención en la política interna de Grecia no basado en afinidades ideológicas, sino en intereses económicos.

Frustrado el intento, ante el deseo, libre y claramente expresado en las urnas por los ciudadanos griegos, ahora de lo que se trata es de ahogar la soberanía nacional griega, mediante la imposición de un ultimátum -que comenzó con una amenaza del BCE- a las nuevas autoridades para que acepten un nuevo rescate financiero, que supondría un aumento de su deuda soberana y la continuación de las imposiciones dictadas desde la Comisión Europea, el BCE y el FMI. Todo ello bajo la batuta del gobierno alemán.

Repasando la Historia, esta actitud de Alemania, y del Eurogrupo,   recuerda la llamada "política de las cañoneras" que ejercieron las grandes potencias a finales del siglo XIX y hasta la primera guerra mundial, pero en versión económica.

Hoy por hoy, las autoridades griegas se niegan a aceptar el ultimátum, ya que de hacerlo, quebrantarían su programa electoral y, por tanto, los deseos de sus votantes y la confianza que depositaron en Syriza.

Es cierto que la pertenencia a la UE supone una cesión, cada vez mayor, de la soberanía de los estados, pero no hasta el punto de llegar a la intromisión en sus procesos electorales internos.

Si como resultado de uno de esos procesos, el nuevo gobierno, legítimamente elegido, replantea una cuestión, como en este caso, económica, debe ser escuchado y tratar de lograr acuerdos, no lanzarle un ultimátum, que lo que realmente significa es un intento de reconducir, a favor de parte, la voluntad democráticamente expresada por un pueblo.

En este pulso, están en juego muchas cosas, entre ellas y la más importante, quebrantar el deseo de un pueblo soberano -me refiero al griego-, que ha sido muy duramente dañado por la persistencia de una política de austeridad que se ha demostrado, hasta la náusea, incapaz de mejorar la situación económica de los países en los que se ha aplicado. Que solo ha servido para aumentar la desigualdad social y arrojar a la pobreza a los más necesitados, así como a amplias capas de la clase media.

Otra de las cosas que están en juego, y muy importante, es el miedo al florecimiento de nuevos partidos, que como Syriza en Grecia, y Podemos en España, logren alcanzar el poder, constituyendo a nivel europeo una alternativa real de gobierno frente a los partidos políticos tradicionales, que en toda Europa han fracasado en la gestión de la crisis económica.

Sea por seguir a ultranza con el rigor de un modelo económico, sea por el temor a la aparición de nuevas fuerzas que ponen en cuestión una forma de hacer política, la UE debe respetar las decisiones de los ciudadanos de sus estados miembros en todos los casos, incluso si lo que se propone es la salida de la UE.

Europa sigue siendo una unión de carácter económico y, lamentablemente, no una unidad política, no una unidad de los pueblos de Europa. Domina lo económico por encima de lo político y lo social. Por tanto, la cesión de soberanía tiene mayor carga económica que política y los estados siguen siendo esencialmente soberanos, soberanía que reside en sus respectivos pueblos.

Ningún estado de la UE, por mucho que lidere económicamente ése espacio geopolítico y por mucho que haya contribuido a su consecución, tiene derecho a inmiscuirse o críticar, a través de sus dirigentes gubernamentales, los procesos y resultados electorales de cualquier otro estado miembro; mucho menos  llegar a "amenazar" con medidas económicas por el echo de que no les gusten dichos resultados.

Los nuevos modelos políticos, como Syriza y Podemos, se ha abierto paso con fuerza en los países del sur de Europa, los más castigados. Quizá ésa nueva forma de hacer política, mediante un modelo transversal de participación ciudadana, obligue a reformular la política de los estados para el siglo XXI.

Algún ajuste habrá que hacer para afrontar la realidad de que vivimos en un mundo nuevo, en el que la intercomunicación, el flujo de información, la economía y los desplazamientos de los individuos, no solo se globalizan, sino que se producen a gran velocidad, desbordando los viejos modelos sociales.

Si Europa no reflexiona al respecto y persiste en modelos políticos agotados, y no renueva su apuesta por lo social, que ha sido su sello de identidad desde el final de la segunda guerra mundial, estará abocada al fracaso respecto a su largo e intenso esfuerzo por formar una entidad propia merecedora de ser considerada una potencia política, económica y militar, fuerte en el contexto de un mundo global.

Una potencia que aporte su larga experiencia y trayectoria en pos de la civilización, con sus errores y éxitos. Pero cuna de una cultura, en su sentido más amplio, que hoy es seguida por miles de millones de personas, y en algunas de sus expresiones -arte, creación, ciencia, tecnología- admirada y utilizada por casi todos los habitantes del planeta.


Majadahonda, 18 de febrero de 2015

domingo, 8 de febrero de 2015

Primero justicia social, después caridad

Vivimos en un país en el que la desigualdad social ha aumentado en los últimos siete años de forma obscena. ¿Qué razón hay para ésto?

Las veinte personas más ricas en España poseen una fortuna similar a los ingresos del 30 por ciento más pobre de la población (casi 14 millones de personas), según un informe de la ONG Oxfam.

Un 20,4% de los españoles vive por debajo del umbral de la pobreza, es decir, uno de cada cinco habitantes de este país. Si nos referimos a los menores de 16 años se eleva hasta el 26,7%, lo que indica que más de uno de cada cuatro niños residentes en España está en riesgo de pobreza, según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) difundida por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Además, el porcentaje de la población española que vive en riesgo de pobreza (20,4%) se eleva hasta el 27,3% si se utiliza el indicador AROPE (siglas de At Risk Of Poverty or social Exclusión) que es el que figura en la estrategia Europa 2020 de la Unión Europea.

La encuesta arroja otros datos preocupantes como que el 16,9% de los hogares llega a fin de mes con "mucha dificultad", al tiempo que el 41% no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos.

Según explica el INE: "La población en riesgo de pobreza es un indicador relativo que mide desigualdad, no mide pobreza absoluta, sino cuántas personas tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población".

Recientemente, el Cardenal Arzobispo de Valencia, Monseñor Antonio Cañizares, en una carta pastoral dirigida a la archidiócesis de Valencia, recuerda que se abre “un gran panorama para ejercitar la señal que identifica a los cristianos: la caridad” y agrega: “Habremos de poner todo nuestro empeño en la imaginación y la creatividad de la caridad”.

Cañizares, llama a “ser samaritanos en medio de las nuevas pobrezas”, ante la “grave y dolorosa situación social y económica por la que atraviesa Valencia”, y señala que los cristianos y las instituciones de Iglesia están “en la vanguardia de mostrar verdaderos signos de caridad y justicia”.

Monseñor quiere, según ha dicho, dedicarles el 10% de los presupuestos de la Diócesis de Valencia a los pobre, e, incluso, compartir viviendas para ayudar a madres solteras, embarazadas y víctimas de malos tratos.

Antonio Cañizares, ha propuesto, incluso, vender algunos bienes patrimoniales de la Iglesia, entre otras medidas, para atender a los pobres.

Sus palabras han llamado la atención, por ser inusuales en los miembros de la jerarquía de la Iglesia Católica española.

De echo, hoy el Sr. Arzobispo no ha mencionado ni una palabra de su propuesta en la homilía de la misa que ha celebrado en la Catedral, llena de feligreses expectantes para  escuchar nuevas propuestas de su pastor.

¡Bienvenido sea su propósito si llegara a materializarse!

Pero yo quiero poner énfasis en otro aspecto de la cuestión.  

La iglesia siempre ha predicado la lucha contra la pobreza a través de la caridad de sus miembros. Así ha sido históricamente y sigue siéndolo hoy. Lo mismo da si hablamos en el contexto de un estado laico o de un estado confesional.

Sin embargo, yo pongo por delante el cumplimiento de una justicia social antes que el ejercicio de la caridad. Es decir, requiero, exijo al estado el cumplimiento de una de sus principales obligaciones: cuidar del bienestar de sus ciudadanos en cualquier circunstancia. Dedicar, de forma prioritaria a ese fin, todos los esfuerzos y recursos necesarios, en lugar de dirigirlos hacia otros objetivos cuya prioridad no reconozco.

¿Por qué la Iglesia, que se dice incardinada en la sociedad, no clama ante los gobiernos de cada estado en pos de una justicia social, en contra de la desigualdad social que arroja fuera de la sociedad a millones de personas, a los que yo llamo "los desahuciados sociales"?

¿Por qué en España, país aconfesional o de laicidad "positiva", conforme a la tesis del Tribunal Constitucional, en un momento en el que gobierna un partido claramente confesional, no se expresa en contra de las medidas del gobierno que han arrojado a millones de personas a la pobreza; que ha provocado el suicidio de muchas personas por motivos económicos; hace dos días, sin ir más lejos, una mujer de 43 años en Zaragoza, que iba a ser desahuciada de su vivienda?

¿Por qué no levanta su voz en contra de este sistema, basado en una austeridad que pone por delante la economía de unos pocos, y que termina convirtiéndose en una limpieza étnica?

¿A caso está en peligro la millonaria aportación económica del estado a sus arcas, a sus colegios doctrinarios?

Hace pocas horas el Papa Francisco ha dicho: «Entregar dinero a la Iglesia y defraudar al estado, es una hipocresía»

Yo añado: «También es hipocresía predicar la caridad y no exigir al estado que cumpla con la justicia social ante sus ciudadanos»


Majadahonda, 8 de febrero de 2015